Soy español, tengo 37 años. Soy emigrante en Uruguay y lo tengo que decir: me avergüenzo de mi país y de su gobierno.
¡No te preocupes! ¡Solo te paramos si eres extranjero! ¡Esto es una democracia! Fuente

Soy español, tengo 37 años. Soy emigrante en Uruguay y lo tengo que decir: me avergüenzo de mi país y de su gobierno.

ABRAHAM GARCÍA GÁRATE
por Gustavo Castillo García para el Periódico La Jornada
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| Migrantes centroamericanos en Tenosique, Tabasco. Foto Prometeo Lucero |
Verónica Calderón para El País
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Entrada del comedor de FM4 Paso Libre en Guadalajara, a unos pasos de la vía del tren.
ÓSCAR FERNÁNDEZ
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Un voluntario muestra a dos inmigrantes un mapa con las principales rutas a través de México para llegar a Estados Unidos.
ÓSCAR FERNÁNDEZ
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Todo el tiempo oímos y nos quejamos de lo mal que tratan en Estados
Unidos a nuestros paisanos mexicanos, y de lo ojetes que son los de la
migra. No es novedad para nadie, que los miles de mexicanos que tratan
de cruzar al otro lado cada año, la tienen difícil. Pero como bien
explica la canción de los Tigres del Norte, los centroamericanos son
tres veces mojados y la tienen aún más cabrón. En México se tienen que
cuidar de todos, de los del Instituto Nacional de Migración (INM), de
los Federales, de los taxistas, de los Zetas y hasta de rancheros locales que ven en ellos una presa fácil para robarles el poco dinero que traen.
a review of The British Dream: Successes and Failures of Postwar Immigration by David Goodhart
Atlantic, 381 pp, £20.00, April, ISBN 978 1 84354 805 8
by Jonathan Portes
(taken from London review of Books)
There are two major problems with contemporary British society, according to David Goodhart in The British Dream,
and both are primarily caused by immigration. The first problem is
economic: the plight of the white working class, especially the young,
and the decline of social mobility. Goodhart argues that low-skilled
immigrants have taken jobs from unskilled natives, leaving them
languishing on benefits, while high-skilled immigration reduces both the
incentives and opportunities for ambitious and talented natives to move
up the ladder. Many find this thesis convincing, and it has been
accepted as fact by much of the political elite. There is, however,
almost no evidence to support it. The second problem is social: the
decline of a shared sense of community, local and national, which
Goodhart relates to the failure of at least some immigrants to
integrate, either ‘physically’ (where they live, who their kids go to
school with, what language they speak and so on) or ‘mentally’ (in terms
of the degree to which they identify with Britain, or share a common
set of values). Some may think this argument has more force, but again,
his conclusions far outrun the facts.
To have millions of long-standing residents sitting at home on benefit while poorer foreigners come in and take the jobs that they should be doing makes no sense for the country as a whole; it creates a kind of Saudi Arabianisation of the labour market. The number of British citizens on out of work benefits has fallen from a peak of about six million in the early 1990s but even in the long boom it never fell below 4.5 million.It can certainly be argued that had better policies been pursued – in particular, if more had been done to get lone parents and those on incapacity benefits back into the labour force – the number of people on benefits might have fallen even further in the 2000s. But the idea that reducing immigration would have made a meaningful difference doesn’t fit the facts, in terms of timing or geography. In the period between 1979 and the early 1990s, which Goodhart describes as one of low and stable immigration, the numbers on out of work benefits tripled to six million, from two million in 1979. This wasn’t just an effect of the deindustrialisation of the early 1980s; much of the rise actually came in the early 1990s. And the persistence of benefit dependency in the 2000s among long-standing UK residents was at least as great in areas with few immigrants as in those with many.
Julio Alejandro, Especial para La Jornada
Chicago, Illinois, 13 de abril
El Mariachi Vargas de Tecalitlán logró dos cambios importantes en la agenda cultural de Chicago con la presentación de Cruzar la cara de la luna, la primera "ópera mariachi" del mundo: que la emblemática Lyric Opera de esta ciudad rompiera 58 años de programación ajena al español y que también por primera ocasión la cartelera sea llevada fuera del majestuoso edificio de la Civic Opera House, para escenificar la singular pieza en la preparatoria Benito Juárez Academy.
Cruzar la cara de la luna se ha presentado en las principales salas de conciertos de Houston, San Diego y París; el pasado domingo 7 vino a Chicago. Once integrantes del Mariachi Vargas de Tecalitlán y ocho cantantes-actores representaron la historia de un joven michoacano que emigró a Texas mediante el programa agrícola binacional Bracero, en los años 40, y ahora se cuestiona sobre la verdadera identidad cultural de su familia y de su hogar.
Braulio Ortiz Sevilla, para el Diario de Sevilla
El comisario y crítico Juan-Ramón Barbancho (Hinojosa del Duque,
Córdoba, 1964) siempre ha procurado que sus investigaciones y muestras
no den la espalda a la vida, convencido de que el arte "permite a los
autores convertir su obra en altavoz a través del cual se puede oír la
voz de gente que habitualmente no se oye, o se oye de una manera
sesgada". Así, este profesional cuya producción se ha especializado en
vídeo y fotografía ha analizado cuestiones como la relación que la
ciudad mantiene con sus habitantes o la perspectiva con que la creación
artística ha tratado a colectivos apartados del discurso predominante
como las mujeres o los homosexuales. Ahora, este experto propone "mirar
desde otro ángulo" el asunto de la emigración en Penélopes. Guardianas de la memoria,
un documental grabado en las sierras de Huelva y Córdoba que toma como
protagonistas a las mujeres e hijas de quienes, concretamente en la
década de los 70, dejaron su tierra para encontrar trabajo.
"La emigración se había contado miles de veces, hay películas y
libros, pero siempre esos trabajos se centraban en lo mal que lo pasaron
los que se fueron. Pero nunca se había narrado cómo vivieron esa
situación las que se quedaron", asegura Barbancho, interesado por las
circunstancias "particularmente difíciles" que tenían esas Penélopes
que aguardaban el regreso de su cónyuge. "En esa época la mujer no
existía jurídicamente. Ellas estaban tuteladas por el padre o por la
pareja, no podían abrir una cuenta en el banco, no podían comprar
nada... No eran nadie sin la figura masculina. Dos de las protagonistas
que participan cuentan que no salían a ningún sitio sin su marido",
recuerda el director de esta película realizada gracias al apoyo de
Sierra Centro de Arte, en Huelva, y en el que colabora la residencia
para artistas cordobesa La Fragua, una producción que ya se presentó en
la Filmoteca de Andalucía y que sus responsables planean proyectar en el
Instituto Cervantes de Berlín, "dado que la mayoría de los emigrantes
de los que hablamos se fueron a Berlín". La narración demuestra a través
de las cartas que se enviaban los matrimonios el poder que el hombre
seguía ejerciendo en la distancia. "Hay un marido en particular que
desde Holanda dirigía cómo matricular a los hijos en el colegio y hablar
con los profesores. En un principio no tenía planteado introducir esas
cartas, pero vi que ese material reflejaba muy bien cómo estando
ausentes esos hombres seguían muy presentes en el funcionamiento de la
casa", apunta Barbancho.
Los primeros testimonios del documental ya reflejan las
dolorosas experiencias de estas heroínas. "El hombre mío se fue para un
año y resulta que estuvo 33. Mi vida, ¿dónde está mi vida? Ya se me
fue", lamenta Carmen Tapia, de Belalcázar, en Córdoba, una de las ocho
mujeres -seis esposas y dos hijas de los emigrantes- entrevistadas en
esta cinta. "Una de ellas", precisa Barbancho, "sí es una mujer
preparada, pero la mayoría eran analfabetas o semianalfabetas, lo que
agravaba esa situación de soledad. Aunque como se quejaba Escolástica,
de Santa Ana la Real, tenían tanto que trabajar que no les daba tiempo a
sentirse solas, liadas con el ganado, las cabras, la casa, los
niños...". Pese a que era "una vida muy dura, no había agua en las casas
y había que acercarse al pozo por ella o al río para lavar", a pesar de
que la escasez de recursos convirtiera un simple Cola Cao en un
privilegio, el autor de este proyecto ha pretendido "que el resultado
final no fuera triste. Por ejemplo, me iban a presentar a una mujer a la
que abandonó el marido, pero lo rechacé: no me interesaba contar una
historia de mujeres abandonadas y hombres malos. De hecho, todas las
mujeres hacen referencia a los regalos que enviaban los maridos, a lo
buenos que eran como padres... La gente se iba lejos de la familia
porque no había otra forma de sobrevivir. Simplemente, estaban en
entornos rurales, y la agricultura no iba".
El mediometraje reivindica la dignidad de unos personajes
aparentemente secundarios en la crónica de la Historia. "Eran mujeres
muy valientes, con un coraje tremendo, como una de ellas, Elena, que se
fue a Alemania a ver al marido sin saber casi hablar castellano y desde
luego sin saber nada de alemán, que se confundió en el aeropuerto y
estuvo dos días dando vueltas por ahí. Son luchadoras que de no haber
tenido ese carácter no habrían salido adelante".
Barbancho, que ha editado recientemente el libro Conversaciones sobre arte, política y sociedad,
defiende que "como escribí para una exposición que hice en Valencia, el
arte del siglo XXI será social o no será. Todos los días estoy
zarandeando a los artistas, no podemos estar sentados en nuestros
estudios como en una torre de marfil. Tú no puedes pensar una cosa y
luego crear bajo los postulados de otra, ahí hay una especie de
bipolaridad", argumenta el investigador. "Cuando hablamos de dinero
público es el dinero del público; si yo como comisario pido una ayuda al
Gobierno para hacer determinado proyecto tengo que hacer que éste
revierta en el bien de la comunidad. Y nos quejamos de que la gente no
va a las exposiciones de arte contemporáneo, pero ¿le interesa a los
creadores lo que le ocurre a la gente?", prosigue alguien que sostiene
que "el arte siempre ha sido social y político. Cuando Napoleón III
encarga al Barón Haussmann que remodele París, es el momento de las
revoluciones sociales y las grandes avenidas ayudan a que el ejército
salga y entre de la ciudad para disolver las manifestaciones".
El comisario observa con interés el regreso de Iniciarte,
el programa de apoyo al arte contemporáneo de la Junta, aunque a su
juicio "habría que apostar más por la inversión y no por la subvención.
Cuando funcionaba, los artistas estaban contentos porque podían comprar
materiales: bastidores, lienzos y botes de óleos. Pero eso no es apoyar
la cultura, el camino se hace formando a los autores", manifiesta
Barbancho, antes de concluir que la pintura contemporánea andaluza "goza
de una salud excelente, pero aquí dentro. Hay autores muy buenos, pero
algunos trabajan con un ideario que a mi parecer está algo desfasado en
el contexto internacional".
a un punto muertodado que en el anterior bienio comenzó a disminuir y podría haberse invertido, por lo que el saldo migratorio es prácticamente cero.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) informa que en el periodo 2006-2011 se observa una tendencia paulatina a la baja de la emigración internacional, decreciendo de 144 hasta 39.4 por cada 10 mil residentes durante este periodo, lo que representa el nivel histórico más bajo para este indicador, sentencia el instituto.
los estados del norte han disminuido sensiblemente su atractivo para perfilarse como entidades expulsoras, como son los casos de Baja California, Sonora y Chi-huahua. En el otro extremo, Baja California Sur, Quintana Roo, Colima, Nayarit y Querétaro son los que han ganado más población. En cuanto a los migrantes internacionales, siete de cada diez mexicanos son hombres y tienen entre 15 y 34 años de edad. Estados Unidos concentra 98 por ciento (11.6 millones) y más de la tercera parte proviene de los estados de México, Guanajuato, Jalisco y Michoacán.