9.06.2015

Olvidados en la frontera: los niños migrantes mexicanos que nadie escucha

de Animal Político (pueden seguir nota y en laces aquí )

por Manu Ureste (@ManuVPC)

De los 15 mil jóvenes mexicanos que, en promedio, son detenidos al año por la Patrulla Fronteriza, hasta un 60% refiere que intentó migrar a Estados Unidos para huir de la violencia. Sin embargo, de acuerdo con un informe de la ACNUR, sólo un 5% de esos jóvenes tienen la oportunidad de exponer su caso ante un juez de migración estadounidense, para determinar si tienen derecho a protección en los Estados Unidos, y eviten así la deportación a los lugares de los que huyeron.

Ante esta situación, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) elaboró un informe y un mini-documental, en el que a través de entrevistas realizadas con niños migrantes, la Patrulla Fronteriza, autoridades mexicanas y expertos en el tema, muestran que, a menos que los niños mexicanos puedan demostrar a un agente de la Patrulla Fronteriza que enfrentan un riesgo creíble de ser víctimas de persecución o trata de personas, éstos son enviados directamente a su país de origen, sin oportunidad de ser escuchados y sin un debido proceso.
En contraste, la organización civil WOLA expone que, según la ley estadounidense, los menores migrantes de otros países —que no sean de México y Canadá—, sí tienen derecho a una audiencia migratoria.

“Hicimos este proyecto para llamar la atención sobre algo que nos parece una injusticia en cuanto a la protección de los niños y el derecho a la infancia”, expone en entrevista con Animal Político Maureen Meyer, coordinadora principal del programa México y derechos de los Migrantes de WOLA, que recuerda que en el año 2008 en Estados Unidos se aprobó una ley que tenía como finalidad dar una mayor protección a los menores. Sin embargo, en esa ley se quedaron fuera los jóvenes de nacionalidad mexicana o canadiense, por ser países fronterizos con Estados Unidos.
“Hay una diferencia clave entre los niños mexicanos y el resto –expone Meyer-. Y es que si un menor centroamericano es detenido por la patrulla fronteriza en su intento de entrar a Estados Unidos, lo van a llevar a un centro de refugiados y luego lo mandarán a la casa de un familiar, donde esperará a que se cumpla su derecho de comparecer ante un juez para que se estudie su caso y se analice si acceden a darle protección y asilo”.

“En cambio, en cuanto a los niños mexicanos, parece que la tendencia es asumir que éstos son para deportarlos directamente, y que la mayoría vienen por motivos diferentes a los de trata de personas, violencia, o persecución. Pero nosotros, viendo la situación de inseguridad que hay en México, pensamos que estos niños merecen la misma protección que cualquier otro de Centroamérica”, señala Mayer.

Asimismo, en el mini-documental de WOLA, en el que se narran diferentes historias de menores migrantes mexicanos, se muestra que la Patrulla Fronteriza no está capacitada ni equipada adecuadamente para evaluar si los jóvenes deben ser referidos a otra entidad para una revisión adicional de su caso.

“Se supone que la Patrulla Fronteriza tiene un cuestionario, y que deben preguntarles a los menores mexicanos una serie de cosas para asegurarse que éstos no están huyendo de la violencia, o que no son víctimas de persecución, ni de trata. Pero creemos que en muchos casos no les hacen estas preguntas”, indica la coordinadora principal del programa México de WOLA.

En este sentido, en el informe elaborado por WOLA, en el que se hace una serie de recomendaciones a los gobiernos de México y Estados Unidos, se hace hincapié en que EU tiene una responsabilidad para asegurar que se evalúe adecuadamente a estos menores y se les dé una protección adecuada.
“Todos los niños tienen derecho a ser protegidos contra la violencia. Como mínimo, la Patrulla Fronteriza debe recibir mejor capacitación para evaluar a estos niños e identificar a víctimas de trata, persecución, u otro tipo de abuso”, insiste Meyer, que critica que ambos países “están incumpliendo con ayudar y proteger a estos niños que huyen de la violencia, y a menudo los devuelven a entornos que pueden poner sus vidas en riesgo”


El caminar de l@s migrantes.

Instalación cerámica de Leonor Anaya. 

8.29.2015

El mapa que avergüenza a Europa. No son 700, son más de 28.000 muertos

Por  María Hidalgo María Hidalgo
 

proyecto periodístico “The Migrants Files” nos muestra el aterrador mapa de las tragedias sucedidas en distintos puntos del Mediterráneo y otras cosas donde se suceden los naufragios y muertes de inmigrantes que buscan una vida digna huyendo de sus países:

El proyecto fue lanzado en agosto de 2013, por un grupo de periodistas europeos que se unieron a las fuerzas de calcular y reportar las muertes de emigrantes que buscan refugio en Europa con precisión. Este consorcio paneuropeo de los periodistas está parcialmente financiado por la organización europea sin ánimo de lucro Journalismfund.eu e intentan acercarse a la verdad aunque saben que hay miles de muertos que ni ellos han conseguido datar en sus archivos para poder en evidencia la magnitud de estas tragedias.


a tragedia de los naufragios en el Mediterráneo desborda a Europa y avergüenza a sus ciudadanos por la lenta e ineficaz búsqueda de soluciones. En la última semana, 10.000 personas han llegado a las costas comunitarias. En el primer trimestre del año, la inmigración irregular ya registró cifras sin precedentes y el clima lleva a los expertos a pronosticar números aterradores para el resto del año. Miles de personas que prefieren arriesgar su vida en el mar a seguir viviendo la guerra, tortura, violaciones o morir de hambre en su país de origen.
Yury Fedotov, el director de la oficina de la ONU sobre Drogas y Delitos lanzó un comunicado recordando a los políticos europeos que “los contrabandistas de inmigrantes explotan la desesperación y proveen a las redes criminales de enormes beneficios”. Los abusos, violaciones y violencia es de lo que huyen y también lo que encuentran al intentar conseguir un billete de las mafias de traficantes. Los inmigrantes pagan entre 400 y 2.500 dólares por plaza, sin conocer las precarias condiciones en las que deberán navegar, las condiciones de inmigración del país de origen o si pertenecerán como esclavos (sexuales o como traficantes de drogas) a las mafias asentadas en los países europeos.
Este mismo año, el Consejo Europeo decidió implementar medidas destinadas a prevenir la repetición de una tragedia en las fronteras de la Unión Europea Consejo. Desde Frontex, el sistema de coordinación de la seguridad fronteriza de la UE y el sistema de vigilancia a nivel europeo Eurosur parecen ser sospechosamente lentos e ineficaces y sólo actúan sobre a la punta del iceberg de la migración.
Esta es la petición que ha lanzado Amnistía Internacional:
Las políticas migratorias de la UE ponen vidas en peligro. El coste humano es incalculable.
¡ACTÚA! Exige que se utilice su influencia para que la UE:
  • refuerce las operaciones de búsqueda y salvamento en el Mediterráneo y el Egeo;
  • abra rutas legales y seguras para evitar que las personas que huyen del conflicto y persecución se vean obligadas a realizar viajes peligrosos;
  • y deje de cooperar con países que violan derechos humanos, para que estos países restrinjan los flujos migratorios hacia la Unión Europea.
 Como diría el gran Eduardo Galeano:



Yo soy inmigrante






7.31.2015

La Unión Europea pierde brillo para los inmigrantes de Latinoamérica

Traído de El País.

Belén Domínguez Cebrián, Bruselas 5 JUN 2015 



 Lejos quedan hoy en día los cientos de miles de inmigrantes latinoamericanos que llamaban cada año a las puertas de la Unión Europea (UE) en búsqueda de una mejor vida. En 2014, y por sexto año consecutivo, el mapa migratorio consolidó el giro de 180 grados que se venía produciendo desde el inicio de la crisis económica en 2008: el flujo de inmigración de ciudadanos del Viejo Continente que eligen Latinoamérica como destino de vida supera al de latinoamericanos que emigran a la UE, según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que se publica este viernes 5 de junio a las 12.00 horas en Ginebra (Suiza) y al que ha tenido acceso EL PAÍS. España, con 181.166 emigrados a Latinoamérica en 2012, encabeza la tabla de los Estados de los que más ciudadanos han salido en búsqueda de oportunidades a esta región.

Desde el inicio de la crisis en 2008 el número de latinoamericanos que decidió mudarse a Europa comenzó a disminuir de manera continuada al mismo tiempo que aumentaban los ciudadanos que dejaban el Viejo Continente en búsqueda de oportunidades en América Latina, especialmente desde España, país del que la salida de ciudadanos casi se triplicó entre 2007 y 2008 (de 52.160 a 146.202). Pero siempre había un matiz: el flujo de inmigración de Latinoamérica a la UE seguía siendo mayor que en sentido contrario. En el período 2009-2010 la corriente cambió por completo. Y en 2012 las personas que salieron de España a Latinoamérica fueron 181.166 —frente a las tan sólo 119.000 que llegaron a la UE—, según el documento Dinámicas Migratorias en América Latina y el Caribe y la UE.

En un principio eran “retornados”, según el informe de 231 páginas, pero lo llamativo ahora es que se les suma, cada vez más, los nacidos en los Estados miembros. “Ya no se puede hablar sólo de retornos masivos de migrantes latinoamericanos”, se lee en el documento. Y así lo corroboró Monika Peruffo, responsable de la OIM en Bruselas: “Destaca el aumento de los nacidos en la UE”. Peruffo añadió después que, tras un “intenso” debate entre los autores, se había decidido no desagregar los datos y no diferenciar entre latinoamericanos que retornaron y europeos que se fueron.

En 2013 residían en Latinoamérica 8.548 millones de inmigrantes internacionales (1.184 provenían de la UE), medio millón más que en 2010 y dos millones y medio más que en 2000. La mayoría emigraba de España, pero la reciente tendencia que la OIM ha observado es la “diversificación” de otros países comunitarios como Francia y Alemania.

Otro factor llamativo para los cinco autores —Jana Garay, Luisa Feline, Mariana Roberta, Ricardo Changala y Rodolfo Córdova, que viajará a Bruselas el próximo 22 de junio para hablar del tema— es que el flujo de inmigración de latinoamericanos se ha “redireccionado”. Es decir, ya no cruzan el océano Atlántico para alcanzar la UE sino que, en general, prefieren su propia región, y especialmente los países cercanos y con los que comparten frontera. El país que más inmigrantes interregionales recibió en 2013 fue Argentina, con un 28% del total. “Hoy en día existen más migrantes de América Latina y el Caribe residiendo en esta región que en los 28 países de la UE”, asevera el documento.

7.22.2015

Migran más europeos hacia Latinoamérica que viceversa

Traído desde Global Voices

This post originally appeared in Portuguese on the MigraMundo blog and is republished on Global Voices as part of a content-sharing agreement.


Mural de Antonio Segui, en la estación  Independencia del metro de Buenos Aires, Argentina. Foto: Rodrigo Borges Delfim


 
Contrary to popular belief, more Europeans are currently migrating from Europe to Latin America and the Caribbean than in the opposite direction. This is the conclusion reached in a study published recently by the International Organisation for Migration (IOM), titled ‘Migratory Dynamics in Latin American and the Caribbean and between Latin America and the European Union’.
The document shows that more than 181,000 Europeans left their countries in 2012, in comparison with the 119,000 Latin Americans moving in the opposite direction. The data show a reduction of 68% in the latter flow compared to 2007, when the number of migrants moving from Latin America and the Caribbean to Europe stood at over 350,000 people, its highest level ever.
Spain is at the top of the list of countries with the highest number of citizens emigrating in search of new opportunities in Latin American states, with 181,166 emigrants to Latin America in 2012. It is followed by Italy, Portugal, France and Germany.
In 2013, 8.5 million international migrants lived in Latin America (1.1 million originating from the EU), 500,000 more than in 2010 and 2.5 million more than in 2000.
“In recent years, changes in migration flows between Latin America and Europe show once again that these flows naturally evolve according to socioeconomic fluctuations and that they have the potential to act as a tool for adjusting and responding to structural economic crises”, explains Laura Thompson, assistant director-general at IOM.

An example of the adjustment she mentioned is the increase in migration between Latin American countries. In 2013, Argentina took the lead, receiving 238,700 immigrants from other Latin countries (28% of the total), followed by Venezuela, Costa Rica and the Dominican Republic.
What about Brazil?
While the migration issue is growing in importance in Brazil, which is establishing itself as a transit and destination country for migrants, the IOM study shows that Brazilians continue to migrate to other countries.
According to the IOM, Brazil is the Latin American country which sends the highest numbers of migrants to Europe, followed by Colombia, Peru and Ecuador. It is also the country which receives the highest amount of remittances from the European Union (US $1.596 billion), comprising 22% of the total amount sent to Latin America (data from 2012).
Click para bajar el estudio (en español).

6.11.2015

Ecuador dejará de considerar a los migrantes como ilegales

Afp/La Jornada

Quito. Ecuador dejará de considerar a los migrantes como ilegales mediante una nueva ley que les garantizará derechos en el país al igual que protección a los ecuatorianos que migren, informó hoy el presidente Rafael Correa.

El mandatario explicó que pese a que el gobierno ha alentado políticas a favor de los migrantes, se requiere una ley que evite que estas disposiciones puedan ser derogadas en el futuro.
En ese sentido, anticipó que la nueva ley -cuya aprobación está asegurada por la mayoría oficialista en el Congreso- convertirá a la migración en un derecho.

Asimismo, acabará con la figura del migrante ilegal, lo que en teoría implicará que no podrá ser considerado por fuera del marco legal que cubre a los ecuatorianos.
"Ningún ser humano puede ser considerado ilegal (...) eso es una barbaridad, es una aberración", señaló el mandatario durante su informe semanal de labores.
Correa aprovechó para reiterar sus críticas al tratamiento que reciben los migrantes en Europa y la que llamó "proliferación de cárceles para migrantes".
"A mí me ha tocado ver familias, niñas de 11 años con sus madres en la cárcel por ser ilegales. A lo sumo su estadía es irregular, ¿pero seres humanos ilegales?. Ahí nadie habla de derechos humanos", expresó Correa.

El presidente izquierdista señaló que la nueva legislación "garantiza también los derechos de los extranjeros en el Ecuador, los retornados, solicitantes de refugio, personas asiladas, apátridas".
Añadió que la norma también reducirá de 18 a cuatro los tipos de visas para extranjeros. La llamada Ley Orgánica de Movilidad Humana prevé, además, la protección de ecuatorianos en el exterior, el apoyo a la reunificación familiar y la prevención de la migración riesgosa.

"Seríamos el primer país del mundo que va a tener una ley de movilidad humana que incluye todos los grupos de personas que están en esta situación, y además que garantiza la protección de los ecuatorianos en el exterior", declaró María Landázuri, responsable del gobierno en temas de migración. Se estima que 1,6 millones de personas han emigrado de Ecuador hacia Estados Unidos, España e Italia, principalmente, en busca de mejores oportunidades, la mayoría a finales de los años noventa a causa de una severa crisis financiera.

5.28.2015

Crónica Tejida


La artista de Mumbai, Reena Saini Kallat recrea en Crónica Tejida las rutas migratorias por el mundo con una red simbólica de movimiento e intercambio cultural y humano y las barreras que a la vez se crean.
La obra es una intrincada red de alambres eléctricos, tejidos a mano en forma de alambres de púas. Sin embargo, por ellos se transfiere información, energía, y surgen relaciones que resultan de la movilidad.


5.20.2015

Mapas de travesías

Bouchra Khalili, Mapping Journey #4, 2010. Collection FRAC Provence-Alpes-Côte d'Azur. © ADAGP, Paris 2015.

1.26.2015

En tierra extraña

Trailer el documental de Iciar Bollaín sobre la migración española actual.

12.02.2014

Retrato de las que se quedaron

Por . Tomado de El País, 1°Dic 2014



Mildre quiere volver a 1996, el año en que Francisco, su marido, decidió hacer una pequeña maleta y cruzar la frontera rumbo a Estados Unidos. “Lo cambio todo por traerlo de vuelta, me ha dejado sola con cuatro hijos… él ya tiene otra familia en California”, dice esta mujer de 47 años que ve como Hoctún, un municipio de Yucatán (sureste mexicano) se vacía lentamente. La zona ha perdido más del 35% de su población en 15 años. La mayoría han sido hombres que van en busca del ansiado sueño americano.


EE UU es el país con el mayor número de inmigrantes del mundo
UBELONG, una organización que gestiona programas de voluntariado, ha puesto el punto de mira en este sitio. “En México siempre se ha hablado de la migración del centro y norte del país, pero en los últimos años el fenómeno se ha trasladado al sureste”, dice Raúl Román, cofundador de la ONG. Durante su visita a Yucatán, 11 integrantes de UBELONG han recolectado historias como las de Mildre. “Hemos hablado con 40 familias que tienen a uno o más miembros buscando el sueño americano. Queremos contar lo que sucede con las personas que se quedan a la espera de que algún día vuelvan los suyos”, agrega. Al proyecto de la expedición —La inmigracion a través de la fotografía— se ha sumado Lonnie Schlein, veterano fotoperiodista del New York Times y ganador del Premio Pulitzer en 2002.
Mildre no solo ha sufrido el abandono de su marido. Mario, su hijo, se fue en el 2008 con 18 años. “Tú tampoco vas a regresar”, fue lo que le dijo antes de su partida. También en Hoctún, Celia Gil, de 44 años, y su hija Karime, de 26, tienen vidas paralelas. Sus parejas se marcharon a EE UU. Karime lo resume: “Cuando nuestros esposos se van todos tenemos esperanza de que vuelvan pronto. Pero casi nadie regresa. Mi marido fue en busca de un sueño, pero ese sueño terminó con su familia”.
EE UU es el país con el mayor número de inmigrantes del mundo. En 2013 acogía 45,8 millones, según datos de Naciones Unidas. Se estima que en 2013 residían en ese país más de 12 millones de mexicanos. Incluyendo a los de segunda y tercera generación, la cifra llega a 34,7 millones, de acuerdo con datos del Current Population Survey.

Mi marido fue en busca de un sueño, pero ese sueño terminó con su familia
Karime
Pese a que Yucatán se ha caracterizado por su poca inmigración, sus pueblos empiezan a vaciarse, comenta Ángel Basto, subdirector de atención a migrantes del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya. Las medidas adoptadas por Obama el 20 de noviembre —que pueden beneficiar a cinco millones de personas al recibir un permiso de residencia o de trabajo temporal y así dejar atrás la amenaza de la deportación— corrieron como la pólvora en el pueblo de Mildre. “La verdad, me gustaría que mi esposo y mi hijo se legalizaran”, comenta esta yucateca. “Es mejor que se queden ahí, porque volver sería muy difícil”. El fotógrafo Lonnie Schlein explica que este proyecto pretende aportar un grano de arena para que los estadounidenses sean menos hostiles hacia los migrantes. “La fotografía es un arma poderosa para conectar”, detalla.
La población yucateca que emigra es en su mayoría indígena, comenta Pedro Lewin, autor del libro Mayan Journeys: The New Migration from Yucatan to the US. El autor dice que este fenómeno ha traído beneficios —123 millones de dólares en 2013 (98,7 millones de euros al cambio actual) por el envío de remesas—, pero también acarrea un desgate. Por ejemplo, dejan de hablar maya y las familias se desintegran. Mildre conoce las dos caras. “Cuando se fue mi esposo teníamos una casita de paja, ahora vivimos bien, no nos quejamos, pero si hubiera sabido lo que iba a pasar preferiría comer ahora frijoles con tortillas”.

9.18.2014

Detrás del sueño americano

A 20 minutos al norte de la frontera entre Mexicali, Baja California, y Calexico, California, hay un pueblo de 6 mil habitantes llamado Holtville. Ahí hay un cementerio bautizado como Terrace Park donde se ven las tumbas blancas, relucientes, de los familiares de quienes habitan el pueblo, rodeadas de césped verde con los nombres y apellidos de los descansan ahí. Algunas tienen encima unas flores frescas, otras un regalito.

Caminando entre las filas de los sepulcros, y pasando una línea de árboles, se llega a un área que recuerda que estamos en medio del desierto. El aire va cargado de un polvo que se pega a la lengua y a la ropa. Ese terreno agreste en tiempo de secas, lodoso cuando llueve, alberga los cuerpos de migrantes indocumentados que murieron sin que se supiera quiénes eran. Filas de ladrillos descoloridos, algunos con la leyenda “Joe Doe” para los hombres, “Jane Doe” para las mujeres, indican que ahí yace alguien cuyo nombre e historia no se conocen. Hombres, mujeres, quizá algunos niños, que cruzaron por el desierto de Mexicali, una sucesión de montañas rocosas y escarpadas que arden de día y se congelan de noche, con la ilusión de que ahí adelantito ya estaría su destino. Los cuerpos se quedan ahí, reduciéndose a huesos, hasta que alguien los encuentra y los trae a Holtville.
La primera vez que llegué a este cementerio de nadie, había llovido, así que los pies se hundían en la tierra húmeda mientras empezaba a calar el frío desconsolador del atardecer en el desierto. Un grupo de hombres y mujeres, integrantes de la organización Ángeles de la Frontera recorría las filas de losas rectangulares. Algunos intentaban en vano quitarles el polvo con las manos; otros clavaban la vista en la tierra y musitaban intentando decir algo al ser inasible de allá abajo —o tal vez al de allá arriba.
—Vinieron a trabajar en este campo, no a ser enterrados en él —rompió el silencio Enrique Morones, quien encabezaba el grupo, meneando la cabeza—. Morones y Ángeles de la Frontera son conocidos en esta región porque en verano instalan galones de agua en puntos estratégicos del desierto para que quienes cruzan, con suerte, encuentren un poco de agua casi hirviendo bajo el sol.

Al menos una vez al mes, Ángeles de la Frontera visita este sitio para evitar que, ante el olvido, su huella termine por desaparecer. Quienes viajan desde San Diego colocan cruces de madera pintadas de blanco con la leyenda “no olvidado” junto a los ladrillos de los migrantes desconocidos. Siempre que van hay tumbas nuevas. Enrique me cuenta que en 2002, cuando el cementerio empezó a recibir los restos de los migrantes no identificados, había 20 tumbas. Hoy hay 650.
A pesar de lo desgarrador que resulta saber que en un camposanto aumenta el número de nadies, las cifras indican que la probabilidad de morir ingresando aEstados Unidos es muy baja. Se estima que en la última década han entrado al país alrededor de 5 millones de inmigrantes indocumentados; de acuerdo con las estadísticas de detenciones, 97 por ciento de los ingresos se realizan por la frontera sur. Durante el mismo periodo, el número de muertes registradas en el intento de cruzar oscila entre 5 y 6 mil; Ángeles de la Frontera, asegura que podrían ser hasta 10 mil.
Diez mil entre 5 millones: 0.2 por ciento de probabilidad de morir en la línea es una estadística que no asusta a nadie. El riesgo de muerte, todos lo saben, es el que se corre en el camino para llegar hasta esa línea. Una vez que se cruza, el reto es empezar a vivir.
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Border Patrol, a la caza del migrante.
Erick Midence da pasitos cortos de un lado a otro. No lo llevan a ningún lado, pero no deja de moverse. De peinado impecable, cejas pobladas y bigote cuidado que cae un poco hacia los lados, tiene una mirada afilada, aguda, que no combina con su sonrisa de amigo. Aunque esta mañana la sonrisa es forzada: hace dos horas que espera para entrar a uno de los salones de la corte de inmigración de Los Ángeles. Ahí se decidirá el destino de Rosario y José.
De 14 y 15 años de edad, Rosario y José llegaron indocumentados de Honduras hace un año. Es junio de 2014, así que los chicos bien podrían ser parte de la estadística de moda: unos días antes el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reconoció lo que calificó como una “crisis humanitaria” debido al incremento dramático del número de niños detenidos en la frontera al intentar entrar al país sin documentos.
Sin embargo Rosario y José no llegaron con una oleada sorpresiva; forman parte de una generación de jóvenes que desde hace años salen de El Salvador. Unos vienen con la esperanza de conseguir un empleo; otros, porque saben que si se quedan en su tierra acabarán muertos o siendo parte de una pandilla. Pero la mayor parte viene porque uno de sus padres se encuentra acá.
Aunque la migración a Estados Unidos siempre ha existido, una de las razones para que los menores realicen el viaje tiene su origen en el reforzamiento de las medidas de seguridad fronteriza establecidas tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. El endurecimiento de la vigilancia y las leyes aplicadas ainmigrantes indocumentados intentando entrar al país, contribuyeron a romper la circularidad que caracterizaba a la migración mexicana y centroamericana. Los padres que trabajaban de este lado de la frontera solían regresar a su tierra cada cierto tiempo para ver a los hijos; sabían que a la vuelta tendrían que volver a ingresar de manera ilegal y estaban preparados para ello. El asunto es que las opciones para el reingreso se redujeron.
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Familias sin derechos.
Así, los padres empezaron a traer, o a mandar por sus hijos, como alternativa para la reunificación familiar. En el caso de Rosario y José, la decisión se tomó en familia. María Vilma, la madre, llegó a California hace siete años. Dejó a sus cinco hijos en Sensuntepeque, El Salvador, a cargo de su madre, la abuela de los niños. Rosario y José son los mayores. Cuando empezaron a dejar atrás la infancia, las maras les cayeron encima. A la abuela le pidieron dinero para no volverlos a molestar. María Vilma, muerta de angustia, envió la cantidad que le pedían a su madre y pagaron la extorsión. Eso alcanzó para comprar año y medio de paz, pero unos meses más tarde la amenaza regresó. María Vilma se dio cuenta de que tenía que sacar a sus hijos de ahí. Preguntando entre sus contactos le recomendaron a alguien que se los podía traer.
—No era un coyote —dice convencida—. Era un amigo de la familia que aseguró que los niños iban a venir bien, seguros y cómodos. Me dijeron así: que era más caro, pero que con él era seguro.
Estamos sentadas en la sala de espera del edificio que alberga a las cortes de inmigración, una de las decenas de construcciones de pisos de mármol y muros helados que albergan oficinas del gobierno federal o estatal en el centro de Los Ángeles. María Vilma —de baja estatura, ya la rebasaron los hijos; cabello obscuro recogido y ojos vivaces que no reflejan sus 33 años de edad— habla sin resentimiento, como si fuera cosa de todos los días pagar 18 mil dólares para traer a sus muchachos pasando calor y hambre, caminando primero, metidos en el maletero de un camión después, para que al final los agarraran.
Cuando Rosario y José se reunieron con su madre, les entregaron un documento que indicaba que se les iniciaría un proceso de deportación. Les dieron una cita para presentarse ante el juez de inmigración, y les sugirieron que consiguieran un abogado. Pero María Vilma, con su trabajo en la pisca del apio, ¿de dónde iba a tener para el abogado, si con trabajos sacó lo del viaje? Entonces llamó a Erick Midence.
Todas las personas que me han hablado sobre Erick Midence se refieren a él como “don”. Don Erick, me dijeron, es este hombre que dirige la organización Hondureños Unidos de Oxnard, una ciudad en la zona agrícola del sur de California, cuya población está formada principalmente por quienes se dedican a la producción, el cultivo y la recolección. Las manos que trabajan en esta zona son manos migrantes.
Hay 3 millones de campesinos en Estados Unidos, de ellos, siete de cada diez nacieron en México o Centroamérica, aunque organizaciones locales estiman que en algunas áreas, como California o Florida, podrían ser nueve de cada diez. Del total de trabajadores agrícolas en el país, más de la mitad son indocumentados.
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Es en lugares como Oxnard, más que en las grandes ciudades como Los Ángeles, Chicago o Nueva York, donde los migrantes son más vulnerables: la falta de información sobre sus derechos y los escasos recursos para defenderlos hacen que fácilmente se vuelvan víctimas de abusos o fraudes. Por esta razón, Midence decidió llevar una organización de hondureños hacia allá, y terminó brindando apoyo a todo tipo de migrantes, en especial a los que son de origen centroamericano.
Cuando a María Vilma le recomendaron buscar a Don Erick, su esperanza era conseguir un abogado que la acompañara a la corte sin cobrar. Midence no lo es, ni su organización cuenta con recursos para pagarle a uno. Lo que sí saben es cómo opera el sistema de inmigración. El activista se ofreció a ir con María Vilma para explicar a juez que la madre no ha podido contratar a un abogado y pedir una prórroga. Lo consiguieron: el juez les dio una nueva audiencia hasta diciembre.
Cualquiera que viera a este hombre ayudando a otros, pensaría que su propia situación migratoria ya está resuelta. No es así. Midence llegó a Estados Unidos hace 18 años proveniente de Honduras, pero no tiene residencia ni ciudadanía. Al igual que otros 65 mil hondureños en Estados Unidos, lo único que tiene es un Estatus de Protección Temporal, conocido como TPS, una medida instaurada por el gobierno estadounidense en 1990 que da a ciertos inmigrantes indocumentados una salvaguarda temporal contra la deportación y la oportunidad de permanecer por cierto tiempo en el país de manera legal, pero sin que esto represente una posibilidad de obtener una residencia permanente o una ciudadanía. El TPS se otorga bajo ciertas condiciones de emergencia, como desastres naturales o conflictos bélicos.
En el caso de Honduras, la protección se dio a aquellos hondureños indocumentados que se encontraban en Estados Unidos en 1998, cuando el huracán Mitch azotó el territorio de su país. Tres años después, los migrantes salvadoreños también recibieron un TPS tras los terremotos que golpearon a este país en 2001. Actualmente hay 200 mil acogidos a este programa. Aunque en teoría la aplicación del estatus de protección obedece a una consideración de carácter práctico para el individuo, su aprobación también depende del cabildeo que realizan los gobiernos de los países afectados con las autoridades estadounidenses. Guatemala, por ejemplo, ha intentado obtener un TPS para sus ciudadanos, sin éxito.
Los estatutos del TPS establecen la protección al beneficiario por un periodo de 18 meses, tras el cual éste regresa a su situación de indocumentado y le es iniciado un proceso de deportación. En el caso de Honduras como de El Salvador, ambos gobiernos han negociado renovaciones cada año y medio; por 16 años para los hondureños y 13 para los salvadoreños, el TPS ha sido extendido.
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Aunque pareciera que todos ganan —los beneficiarios pueden continuar viviendo en Estados Unidos; los gobiernos centroamericanos siguen recibiendo el flujo de remesas y evitan el compromiso de recibir y reinsertar a sus paisanos de vuelta en sus países—, esta medida ha creado una generación que vive en la zozobra, la incertidumbre, y sin derechos plenos. Los beneficiarios del TPS cuentan con un número de seguro social y un permiso de trabajo que les permite cumplir con ciertas obligaciones como el pago de impuestos, pero no les da derecho a beneficios federales como un fondo de retiro, ni a beneficios migratorios como traer a sus familiares que viven fuera de Estados Unidos. Esto ayuda a explicar por qué los hijos, al cumplir cierta edad, alcanzan a los padres sin documentos migratorios.
Un día, mientras participaba en una acción comunitaria, Midence fue arrestado. Agentes de inmigración lo detuvieron y le pidieron que se identificara y que acreditara su estancia legal en el país; él indicó que era beneficiario del TPS.
—El agente me vio como si yo fuera un ciudadano de tercera clase. “Este es un permisito y te lo vamos a quitar”, me dijo para intimidarme. Me metieron en un cuarto, pero en dos minutos regresaron a soltarme porque buscaron información sobre mí y vieron que tengo un perfil en la comunidad. Y ¿qué pasa con quienes no lo tienen? Vives con el miedo, con la zozobra; por 18 años yo he vivido así. No puedes salir del país porque no tienes estatus legal; tienes que pagar 380 dólares por un permiso para ir a visitar a un familiar. Se nos han ido amigos, familia, y no podemos ir. Pero eso sí, somos una buena fuente de ingresos: 480 dólares cada 18 meses por renovar el permisito. Haga cuentas.
Las hice. Sólo por renovar el TPS de los beneficiarios de Honduras y el Salvador, el gobierno estadounidense recibe 127 millones de dólares cada año y medio, sin contar los permisos de salida. Esa cantidad equivale a 12 veces el monto que propone destinar la administración Obama en la defensa legal de los niños migrantes.
Una cosa es recibir la llamada diciendo que los hijos están en el centro de detención, y que puede ir uno por ellos, y otra es que en efecto se los den. Cuando María Vilma llegó por Rosario y José, además de acreditar que ella era la madre, tuvo que comprobar que contaba con los recursos para sostenerlos y un sitio aceptable para recibirlos. Ahí se dio cuenta de que el asunto iba para largo.
Desde que llegó a Estados Unidos, María Vilma ha trabajado en el campo, sembrando y cosechando, en jornadas de nueve horas con dos de descanso, con la espalda encorvada para hacer la pisca de fresas o lechugas, dos de los cultivos que más cansan. No habla inglés, le cuesta trabajo leer y no puede escribir, pero encontró la manera de ir juntando dinero para mandarlo a El Salvador y para ir haciendo unos ahorros.
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Sin documentos migratorios y con poco dinero, cuando llegó a Estados Unidos María Vilma no pudo rentar un departamento, pero se enteró que en algunas casas era común encontrar un garaje adaptado como habitación sin necesidad de entregar papeles o dejar un depósito de seguridad. Al prinicipio eso no representó problema, pero a las autoridades de migración no les pareció un buen sitio para que se alojarandos adolescentes. Para llevárselos tuvo que encontrar un apartamento.
Aunque podría parecer una solicitud razonable, el acceso a una vivienda digna para el inmigrante indocumentado en Estados Unidos en ocasiones es un lujo. En este país el sistema económico funciona en torno al historial de crédito de los individuos: cualquier tipo de contrato, desde la renta de un espacio para vivir, hasta la contratación de los servicios básicos de luz, agua o gas, requieren de una revisión del historial de crédito. Si como es el caso de los recién llegados, una persona no cuenta con él, y además no tiene documentos que acrediten que vive legalmente en el país, no se considera una persona confiable y debe dejar depósitos en garantía para todo. Para el recién llegado no hay dinero que alcance.
Los migrantes han encontrado la manera de darle la vuelta al asunto. El que logra instalarse ofrece un espacio en renta para otros y cobra por el uso de los servicios; los que pagan evitan los altos depósitos.
Sin embargo estos convenios están lejos de ser la situación ideal. En el caso de quienes viven en las grandes urbes como Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Miami o Nueva York, pagar por un pedacito de casa puede representar varios días de trabajo. En estas ciudades las rentas varían de los mil 500 a los 3 o 4 mil dólares mensuales por un apartamento de dos recámaras.
El espacio compartido, de forma inevitable, propicia el hacinamiento.
Miguel tiene nueve años en Estados Unidos y siempre ha vivido en estos espacios. Es originario de Monterrey, México, y como cada migrante en este país, recuerda perfectamente la fecha de su llegada: 6 de enero de 2005.
—Esa noche dormí en una oficina de una ferretería —recuerda Miguel, quien vino a trabajar como fotógrafo para enviar dinero para los estudios de sus cuatro hijos; tres ya se graduaron y la última lo hará este año—. El dueño era un primo de mi cuñado que vivía en el segundo piso y me prestó esa oficina por tres meses. De ahí, me pasé a un cuartito en la parte de atrás de una casa; en total eran tres cuartos y compartíamos un baño y una cocinita, me cobraban 275 dólares al mes.
En época de vacas gordas, tuvo oportunidad de pagar 600 dólares al mes por un garaje adaptado que en realidad era un estudio bastante cómodo, aunque pequeño: baño, cocina y un sitio para estacionar el auto. Pero ahora que por motivos personales las vacas vuelven a ser flacas, ha optado por el más barato de los espacios compartidos.
—Estoy como el Chavo del Ocho, ¿ves que vive en un barril? Bueno, yo no estoy en un barril, pero estoy en un sillón de una sala, en el área común donde todo el mundo pasa. Yo soy amable, saludo a todo el mundo. Es un sofá de escuadra, así que duermo nomás boca arriba, porque si me volteo, me caigo. Pero vale la pena, mira: llegué en abril —hace cuentas—, son cinco meses. En pura renta me he ahorrado 400 dólares al mes, llevo 2 mil dólares ahorrados en estos cinco meses.
Miguel siente que corrió con suerte: el sitio en el que vive sólo es compartido con otras tres personas. Cualquiera que haya vivido tiempo suficiente en estas ciudades sabe que en algunos apartamentos llegan a apilarse hasta ocho y diez personas; los espacios que se rentan van desde una habitación completa o compartida, con o sin literas, hasta cuartos de TV, los sillones de la sala, e incluso el clóset: por 150 dólares al mes, de las 10 de la noche a las 6 de la mañana una persona puede dormir compartiendo dos metros cuadrados de alfombra con las maletas que se encuentran sobre las repisas del armario.
En las áreas rurales la situación no es muy diferente. Aunque los precios son más bajos, los requisitos para rentar son los mismos; en algunos sitios se piden contratos por seis meses que rara vez pueden cumplir los trabajadores migratorios dentro del país: el campesino se mueve hacia donde está el cultivo de temporada. Esto provoca que ocho de cada diez trabajadores agrícolas vivan la mayor parte del tiempo en condiciones de hacinamiento, según un estudio realizado en Carolina del Norte, destino de un gran número de migrantes centroamericanos. Entre aquellos que son trabajadores migratorios, tres de cada diez viven en espacios calificados como no aptos para habitación humana: automóviles o camionetas, garajes o cuarto hechizos en los patios traseros de las casas, incluso en campamentos al aire libre.
A María Vilma le tomó dos meses reunir el dinero suficiente para dar el anticipo en un apartamento de una recámara para llevar a sus hijos a vivir ahí; tuvo que pedir prestado. Hoy, con su salario de 9 dólares la hora, trabaja para pagar esa deuda, pagar la renta de 950 dólares mensuales, reunir para contratar un abogado para sus hijos mayores, y enviar dinero a los tres hijos que aún le quedan en El Salvador.
Mario Savedra ya tenía un hermano acá cuando vino a Estados Unidos. Por esa razón eligió como destino la ciudad de Bakersfield, en California. El día que salió de Sonaguera, Honduras, le dio un beso a su madre, otro a su hija Fernanda, de enconces dos años de edad, y emprendió el camino. De eso ya pasaron 12 años.
En Sonaguera Mario se dedicaba a la venta de abarrotes. Tenía un carrito y con él recorría el municipio de Colón, vendiendo por las calles. Era su único ingreso, pero el oficio de vendedor se volvió peligroso. A sus compañeros los empezaron a asaltar, y un día le tocó a él. Dice que le fue bien porque sólo le quitaron dinero y mercancía. A otros, cuando se resistían, los mataban.
—Uno viene por una mejor vida, porque no quiere involucrarse en eso, quiere salir. Uno quiere una mejor vida para sus hijos pero allá nada más no se puede —me dice.
Visto desde el país de origen, el momento en el que el familiar migrante llega a Estados Unidos representa el éxito; ya está “del otro lado” y puede empezar a mandar dólares. Pero la realidad no es exactamente así: la barrera del idioma, la falta de documentos, la falta de capacitación, el ambiente antiinmigrante y la inserción a un sistema completamente desconocido, se convierten en una cuesta hacia arriba que todos los días hay que subir y que cuando te tira, te noquea.
Mario tiene 36 años. Se ve joven y fuerte, pero la piel del rostro está ligeramente ajada por el sol. De cabello y ojos obscuros, gesto amable y voz suave, pero habla rápido y con firmeza.
—Mi primer golpe fue descubrir lo difícil que es encontrar un empleo sin papeles —recuerda—. Lo segundo, el idioma. Buscaba trabajo y los patrones me pedían documentos, me preguntaban si sabía hablar inglés, y así no se podía. Empecé agarrando cositas, trabajando día sí, día no. Hasta que mi hermano me metió a trabajar al field (campo), a la pisca de la uva.
En el ascenso al éxito del inmigrante indocumentado, el trabajo en los campos, el field, suele ser el primer escalón; es el “jale” en el que no te piden papeles y en el que el oficio se aprende a punta de sudor. El otro escalón primario, es el de los jornaleros.
Para quienes eligen como destino las ciudades, la chamba de jornalero suele traer el primer ingreso. Algunos conocen un oficio, como carpintería o electricidad, pero otros aprenden en el camino. Afuera de los enormes almacenes de materiales para construcción es frecuente encontrar a grupos de migrantes, a la espera de contrato.
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El contratista que está iniciando una obra sencilla y quiere ahorrarse unos dólares en el salario de los trabajadores o el ama de casa que necesita que alguien le instale unas repisas, saben que al acudir a estos sitios encontrarán hombres dispuestos a trabajar por mucho menos de lo que les cobraría alguien con los documentos en orden.
Un ejemplo: un electricista cobra entre 25 y 35 dólares por trabajo de una hora, pero un jornalero aceptará hacer un trabajo similar por 10, a veces por 8 dólares la hora, sin garantía de que reciban su dinero: quienes les contratan aprovechan su situación migratoria irregular y con frecuencia rechazan pagar el trabajo realizado.
Para las mujeres que llegan en la misma situación, el peldaño de inicio, cuando no es el campo, es en el trabajo doméstico, ya sea limpiando casas o como niñeras. Los salarios y abusos son similares. El objetivo es resistir hasta que aprenden un poco el idioma y aparece algo mejor.
Mario pasó del trabajo en el field a la construcción donde su situación económica mejoró. Pero, aunque tiene mejor ingreso los problemas por la falta de documentos siguen allí. Mario lo comprendió cuando compró el auto que era su orgullo.
—El sistema del país te obliga a manejar para ir a trabajar, pero si manejas sin licencia, te quitan el carro —dice con un dejo de amargura—. Hace siete años venía saliendo del freeway (autopista) y me tocó un retén. Tenía un Mustang del 2001, llevaba un año y medio pagado y por manejar sin licencia me lo quitaron. No lo pude recuperar porque para sacarlo tienes que pagar la multa de mil 500 dólares y mostrar tu licencia. Yo no tenía ni dinero ni papeles.
Después de eso, Mario entendió porqué muchos inmigrantes indocumentados, aunque puedan adquirir un buen auto, optan por comprar uno “de medio pelo”: en cualquier momento lo pueden perder.
Otra de las angustias de Mario es que a pesar del tiempo que lleva trabajando y pagando impuestos en este país, debido a su estatus migratorio no tiene derecho a un seguro médico.
El costo de los servicios hospitalarios en Estados Unidos puede llevar a la quiebra a una familia.
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Mario ya tuvo una probadita de eso. Hace seis años acudió de emergencia a un hospital donde un médico sólo le recetó un analgésico para aliviar la fiebre. Días después le llegó la factura: mil 650 dólares.
—Y a pesar de todo esto, ¿vale la pena vivir en Estados Unidos? —le pregunto a Mario.
—Para mí hay una sola razón, pero es la más importante: aquí no hay delincuencia, aquí puede andar uno libremente —me llama la atención la palabra elegida por Mario—. Allá si uno sale en la noche se arriesga a que lo maten. Allá saben quién es uno y no lo dejan, no se puede hacer nada, los hijos están en peligro. Mi hija se vino por eso.
Terminamos la conversación porque Mario debe iniciar los trámites para recoger a Fernanda, la hija que dejó de dos años de edad en Honduras y que hoy tiene 14. Fernanda cruzó la frontera hace un mes y la detuvieron de este lado; Mario irá por ella y se enterará de que a Fernanda le será iniciado un proceso de deportación. Pero está aquí. Tras 12 años de lejanía….
Mario la verá dentro de unas horas y, por ahora, no importa nada más.

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Artículo publicado por Eileen Traux, en MIGRACIÓN, MÁS ALLÁ DE LAS VÍAS realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Fundations.

9.11.2014

Madres y abuelas hondureñas buscan a sus desaparecidos migrantes


Por Thelma Mejía


Son abuelas, madres y familiares de los migrantes que hace 14 años, unidas por el dolor y la angustia, conformaron en esta ciudad del norte de Honduras un comité destinado a la búsqueda de sus parientes desaparecidos en la ruta migratoria hacia Estados Unidos.

Ahora el Comité de Familiares Migrantes de El Progreso (Cofamipro) es una de las organizaciones defensoras de los derechos humanos de este sector más reconocidas en Honduras.

Desde su surgimiento en 1999, conducen las tardes de los domingos el programa “Abriendo Fronteras”, que transmite Radio Progreso, una emisora de la católica la Compañía de Jesús en Honduras.

Inicialmente el espacio se llamaba “Sin Fronteras”, pero a medida que fue creciendo la actividad del comité “decidimos ponerle Abriendo Fronteras, porque sí las hemos abierto, ahora nos escuchan más que antes, no solo los migrantes, también los gobiernos”, dijo a IPS una sonriente Rosa Nelly Santos, integrante de Cofamipro.

Durante la hora del programa, ellas hacen una labor social desde donde orientan a los migrantes sobre cómo están las rutas, les ponen música de su gusto para darles ánimo y hacen labores de servicio social al facilitarles que envíen mensajes a sus parientes en Honduras.

Su fundadora, Emeteria Martínez, falleció hace un año, meses después de lograr localizar a una de sus hijas, que llevaba desaparecida 21 años.

Hallar a sus familiares fue el motor que las convocó, recordó Santos. “Nacimos de la nada, descubriendo que el dolor de una era el mismo de la otra, nos reuníamos en la casa de una compañera y así nos fuimos armando de valor para salir a la calle a buscar a nuestros parientes”, contó.

Comenzaron 20 y ahora superan las 40.

Son mujeres sencillas y llenas de esperanzas, pese al dolor de no saber nada de su familiar o de enfrentarse a tragedias tan impactantes como la matanza de Tamaulipas, en México, hace cuatro años, donde el cartel de Los Zetas, una organización criminal mexicana, asesinó a quemarropa a 72 migrantes en una finca en la localidad de San Fernando. De ellos, 21 eran hondureños.

La matanza de Tamaulipas mostró a Honduras la otra cara de la migración, la del sufrimiento, que va más allá de las remesas que llegan de los que logran alcanzar la meta estadounidense.

“Eso fue como una derrota para nosotras, una espera que su hijo le vaya bien en la ruta migratoria, que cruce la frontera, pero no que te lo devuelvan en un cajón masacrado. Eso es muy fuerte”, recalcó Santos, quien como a otras compañeras de Cofamipro le tocó dar asistencia y consuelo a los familiares de las víctimas.

El Comité lo constituyen mujeres voluntarias, que perdieron el miedo a lo desconocido y desde hace más de una década se sumaron a las caravanas del migrante que organiza la red del Movimiento de Migrantes Mesoamericano y que cada año, en septiembre, recorre la ruta del migrante en busca de sus parientes desaparecidos.

Esa ruta comienza en Guatemala y concluye en el norte de México.

“La primera vez que fui a las caravanas, hace tres años, entendí el trabajo de mi madre, aprendí de su dolor y tomé la decisión de integrarme de lleno al Comité”, relató a IPS otra hija de la fallecida fundadora, Marcia Martínez, de 44 años.

“Yo no tenía ni idea del número de madres y parientes que se suman en esta caravana, ni de la travesía que hacía mi madre. Recorren todos los caminos que atraviesa el migrante, preguntan con pancartas por ellos, buscan respuestas que a veces nunca llegan o llegan tarde. Cuando encontramos a uno de los nuestros, es algo indescriptible”, agregó.

“Cada vez que oía La Bestia (el tren mexicano de carga que usan los migrantes), me daba escalofríos porque allí descubrí lo peligroso de la ruta del migrante, para ellos los rieles del tren son su almohada, duermen en las vías y cuando están en el lomo (techo de los vagones) del tren, esperan que arranque, pero unos se duermen del cansancio y caen cuando lo hace”, describió.

El Cofamipro tiene su sede en un centro comercial de la calurosa ciudad de El Progreso, en el norteño departamento de Yoro y a 242 kilómetros de Tegucigalpa. Antes estaban en la sede de los jesuitas, pero gracias a pequeñas donaciones lograron alquilar un pequeño local donde llegan los que necesitan apoyo para ubicar familiares.

Desde su creación, logró documentar más de 600 casos de personas desaparecidas. De ellas, se encontraron a más de 150. A los demás, siguen buscándolas, aunque creen que muchas de ellas murieron en el camino o cayeron en redes de trata de personas.

Inicialmente, el gobierno no reconocía al Comité, pero su trabajo en las caravanas mesoamericanas les ayudó a ser escuchadas y a poder presentar casos de migrantes desaparecidos ante la Cancillería. En junio, finalmente obtuvieron personería jurídica.

Su lucha no fue fácil, funcionarios hondureños les llamaban “viejas locas”, cuando hace años, ellas, solas, marcharon hasta Tegucigalpa para demandar atención para sus desaparecidos.

La respuesta fue una canción que coreaban ante la sede de la cancillería y que Santos entonó orgullosa: “Los de la cancillería, nos dicen las mentirosas, somos mujeres decentes y le probamos con hechos, lo que aquí exigimos, lo hacemos con todo el derecho (…).”

Su labor firme y silenciosa está salpicada de logros. Cuando IPS entrevistó a un grupo de ellas, acababan de salvar la vida con sus contactos mexicanos a un hondureño, familiar de un funcionario local de El Progreso.

Una banda criminal lo secuestró y obtuvo más de 3.000 dólares a sus parientes, antes de que acudieran al Comité, donde gestionaron su liberación en un operativo de la Procuraduría mexicana.

El grupo advirtió sobre la actual crisis migratoria hace cinco años, pero nadie escuchó. Aseguran que los migrantes seguirán huyendo del desempleo y la violencia criminal.

En El Progreso, una de las cinco principales ciudades hondureñas, se conocen casos de madres que huyeron cuando las pandillas les notificaron que sus hijos serían forzosamente reclutados cuando tuviesen edad para ingresar a la organización criminal y, mientras, les darían dinero para su crianza y estudios.

Se estima que más de un millón de hondureños emigraron a Estados Unidos desde los la década de los 70, pero el éxodo se disparó desde 1998. Desde abril, Washington intensificó la deportación de familias con menores de edad y de personas adultas.

Las autoridades hondureñas indican que en los siete primeros meses del año retornaron deportadas 56.000 personas. Del total, 29.000 llegaron de Estados Unidos por vía aérea y 27.000 lo hicieron por vía terrestre desde México.

Honduras tiene una población de 8,4 millones de habitantes y un índice de homicidios de 79 por cada 100.000, según cifras oficiales.

En 2013, los emigrantes aportaron a la economía hondureña 3.225 millones de dólares en remesas, según datos del Banco Central, cerca de 15 por ciento del producto interno bruto.

Para el Cofamipro, la crisis migratoria debe servir a los gobiernos para revisar sus políticas públicas, dejar de estigmatizarlos y criminalizarlos porque “no son delincuentes, son trabajadores internacionales”, definió Santos con firmeza.

Ella, tiene, al menos, el consuelo de haber hallado hace cuatro años al sobrino que buscaba.

Nota original.

en TJ


9.04.2014

en Argentina


En Argentina se establece el 4 de septiembre como “Día del Inmigrante” en recuerdo de la disposición dictada por el Triunvirato en 1812, que ofreciera “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”.

"Los brazos viajaron,
el corazón quedó,
pero una estrella nos llama del sur.
Y un barco de esperanzas cruza el mar.
América, la tierra del sueño azul.
Es un vaso de vino,
es un trozo de pan."
(Roberto Cossa)

8.30.2014

Paso Migratorio


Amnistía Internacional lanza una campaña y una web enfocada principalmente en visibilizar las violaciones a los derechos sexuales y reproductivos de niñas, niños y mujeres en tránsito por México.

Se sabe que el paso por territorio mexicano desde Centroamérica hacia los países del Norte, e un verdadero infierno que hacen pagar a quienes huyen de la miseria en sus países. Muy alto precio.

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Este proyecto nace de la emergencia que se vive en las zonas fronterizas de México. Queremos Contribuir a la presión pública para garantizar a las niñas, niños y mujeres migrantes el acceso a sus derechos sexuales y reproductivos durante su paso o estadía en México..
Cada año, miles de mujeres, hombres, niñas y niños atraviesan México sin documentos como migrantes irregulares, nueve de cada diez proceden de El Salvador, Guatemala, Honduras o Nicaragua.
Su viaje es uno de los más peligrosos del mundo. Todas las personas migrantes corren peligro de sufrir graves violaciones de derechos humanos, pero son las mujeres, los niños y las niñas más vulnerables a ser objeto de trata y de agresiones sexuales a manos de delincuentes, otras personas migrantes y funcionarios corruptos.
Aunque de pocos casos queda constancia oficial, y prácticamente ninguno llega a ser enjuiciado, algunas organizaciones de derechos humanos y expertos en el tema estiman que hasta seis de cada diez mujeres migrantes sufren violencia sexual durante el viaje. 
La violencia sexual, o la amenaza de, a menudo se utilizan como medio para aterrorizar a las mujeres y sus familias. Muchas bandas delictivas parecen utilizar la violencia sexual como parte del “precio” que exigen a las personas migrantes. Según algunos expertos, el peligro de violación es de tal magnitud que los traficantes de personas muchas veces obligan a las mujeres a administrarse una inyección anticonceptiva antes del viaje, como precaución contra el embarazo derivado de la violación.
De la mano con esto, muchas mujeres migrantes se ven disuadidas de denunciar la violencia sexual por la presión para continuar su viaje y por la falta de acceso a un procedimiento efectivo de denuncia. Pese a las numerosas violaciones a los derechos sexuales y reproductivos de las niñas, niños y mujeres migrantes, hay un limitado, y casi nulo en algunos casos, acceso a asistencia médica o psicológica adecuada o a otros servicios de apoyo para ayudar a las mujeres y niñas traumatizadas por su experiencia y, potencialmente, permitirles presentar una denuncia judicial. 


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Pueden participar, contar su historia, apoyar la campaña aquí: http://pasomigratorio.mx/

8.17.2014

A donde vaya, el indio emigra


A donde se vaya, un indio emigra
Ana Matías Rendón
Los Estados Unidos: Chicago, New York, Los Ángeles, todo California; cualquier parte de México, ciudad o terreno agrario: Distrito Federal, Monterrey, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Baja California; más allá del mar finito o en Nuestra América, ningún lugar es igual a otro, cada uno es diferente de sí, y adonde sea que el indio va, es el intruso; pisa el lugar que no es aquí ni allá, una zona que no refleja lo que es, un espacio-tiempo perdido que lo llena con insolencia. Destino de la inmigración: transición inevitable.
La cuestión es: ¿a todos los indios les va igual? Los temas son recurrentes: políticas públicas que impiden el desarrollo individual y colectivo, una economía moderna que obliga a salir de las comunidades de origen y contribuye a la informalidad de los miembros de los pueblos originarios en las ciudades, la pérdida de valores tradicionales que fomenta la desaparición de la cultura o ausenta la identidad original. La transición es un asunto peliagudo.
No hay una condición homogénea, aunque puede decirse que existe una generalidad. Recaen sobre los indígenas: la discriminación racial; el clasismo por su pobreza material y por el analfabetismo cultural; la falta de oportunidades laborales y educativas; la obligación a mudar las ropas, hablar una segunda lengua en su país, a cambiar de costumbres. En su nombre se diseñan mecanismos jurídicos, discursos de defensa, artículos bien y mal intencionados, investigaciones concienzudas… y quienes miran en medio del remolino de ideas múltiples sobre los indios, piensan, son homogéneos.
Las sociedades indígenas son tan complejas como los grupos sociales que conforman una nación; divididos por zonas étnicas, se subdividen por regiones, luego por cabeceras municipales y rancherías. Cada pequeño núcleo tiene su propia forma de vida que dista de la más cercana, pero las diferencias no son tantas cuando las entiende quien vive en ellas. Cada sociedad indígena tiene sus propias reglas de justicia y repartición de tierras, en cada una prevalecen los comerciantes que tienen voz gracias a su dinero, familias de principales que se ven amenazados, campesinos pobres descontentos, profesionistas que encuentran oportunidades negadas a sus padres. No es una ciudad, es una comunidad. Entonces, no existe una consecuencia unificada en la emigración, como no hay una vida singular en las comunidades.
Los hijos de familias bilingües, regularmente, tienen un mejor estatus que los hijos de campesinos monolingües, los hijos de maestros o profesionistas aprenderán mejor que aquellos cuya posición social-económica jamás les haya permitido mirar el otro-mundo. Sí, algunos ya reciben apoyos económicos gubernamentales, otros no. También este último aspecto entra como guimbalete para alterar la maquinaria social que, a veces, nos impedimos ver.
Tan diferentes y a la vez tan similares. Los indígenas migrando abren nuevos espacios de interacción, crean y modifican subjetividades, cuestionan modos de vida y se cuestionan a sí  mismos en el enfrentamiento con el mundo, hasta perderse. El indio está en medio del desarraigo a lo “original” y en una marginación de lo “nuevo”, pero el indígena se encuentra allende de las bifurcaciones, dicotomías y dialécticas que han atrapado a su imagen; él es una transformación continua —muy a pesar de los defensores del egipticismo de Ramos—, provoca transiciones, mimetizándose con ellas.
¿Aún no lo sabemos? ¿Podremos asumir la transición sin resentimientos y culpas? Transitar entre lo original y lo nuevo, atrapados por un dios impuesto que se venera con fervor, en la defensa de tradiciones que no son las mismas que las practicadas por los antepasados, resistiendo los embates de los de siempre, mintiéndonos con las viejas mentiras y mirando el presente con aliento de vida.
Adquirir, paulatinamente, lo que los otros ofrecen e imponen. Un proceso que se puede notar con otros migrantes a lugares similares, mexicanos —por igual— a Estados Unidos; la persistencia —algunos dirán “necesidad”— de los indios por defender sus tradiciones a donde sea que vayan, seguirá siendo lo gravoso del asunto de la integración. La heterogeneidad de las condiciones individuales complica el análisis de la inmigración.
Más allá de todo lo que implica el indígena migrando, se encuentran los hombres y mujeres que se enfrentan a condiciones internas y externas que imposibilitan la ruptura y aceptación de la integración, sin embargo, son ellos quienes dan un paso por encima de la desvaloración de las ideologías predominantes como de los propios prejuicios indígenas La realidad existe lo mismo si no se nombra.
Ana Matías Rendón estudió filosofía. Autora de un ensayo bilingüe (mixe-español) en el libro colectivo Pensamiento y voz de mujeres indígenas (INALI, 2012) y de un breve ensayo sobre la construcción de la imagen del indio en Tierra Baldía, número 54. Dirige la revista electrónica Sinfín.

8.14.2014

Infografía sobre las migraciones a nivel global

Esta es una infografía interactiva. Para acceder a su funcionalidad, puede ir aquí, que es parte del Laboratorio sobre Migraciones del sitio de la ECF, Fundación Cultural Europea. 

8.13.2014

el sueño chino y sus migrantes

A dream, in the truest sense, is a solo act. It can’t be created by committee or replicated en masse. Try as you might, you can’t compel your neighbor to conjure up the reverie that you envision. And therein lies the latent, uncertain energy in the concept of the “Chinese Dream.” As the new central motto of Chinese politics, introduced by President Xi Jinping in 2013, it is an expression of the Communist Party’s attempt to acknowledge the aspirations of its people. At the same time, wittingly or not, it is a provocative invitation to the public imagination.

In a country that has long defined its interests in collective terms, people are no longer waiting for their goals and sacrifices to be decreed from above. In Sharron Lovell’s insightful short film, she shows us the Chinese Dream not as a slogan but as the possession of the ordinary young men and women who will determine China’s future. A migrant worker from Henan who says of his austere life in the capital: “In Beijing, all I have is this bed.” A farmer’s daughter who is determined to find the “space to imagine freely.” And, an idealistic student who wants nothing more than to “truly improve the lives of ordinary Chinese people.” They live in the age of the selfie, of headphones, of the smartphone video. Each shows us that, in a city with a population larger than that of Australia, it is possible to be both alone and awakened by the urge to dream.

—Evan Osnos

8.04.2014

La triple discriminación de la mujer inmigrante y trabajadora


Reivindicar la necesidad de asumir la construcción de una sociedad en la que se reconozcan y garanticen las condiciones de igualdad y vida digna para las mujeres extranjeras debe ser uno de nuestros objetivos. La mujer extranjera sufre una triple discriminación: Discriminación  como MUJER, como TRABAJADORA y como INMIGRANTE .De cara a estas discriminaciones, deberían hacerse cargo la ciudadanía, los poderes públicos de ámbito local y nacional y las administraciones que trabajan a favor de la mujer.
Las condiciones del mercado laboral actual, los sectores económicos en los que se registran los niveles más altos de ilegalidad son los mismos en los que se ha concentrado la demanda de trabajo de extranjeros y, no por casualidad, los que registran mayores niveles de precariedad. De estos, las mujeres inmigradas y fronterizas, en el caso de nuestra ciudad,  han sido reclutadas mayoritariamente en ramas caracterizadas por sus condiciones de inestabilidad y desamparo jurídico, como el trabajo doméstico y de cuidado, la hostelería y la prostitución.
En general, las mujeres extranjeras trabajadoras,  contribuyen más de lo que perciben, y su colaboración en el mercado laboral y en el crecimiento económico no conlleva una contrapartida adecuada en el reconocimiento y ejercicio de sus derechos.

MUJERES EXTRANJERAS TRABAJADORAS EN LA LLAMADA INDUSTRIA DEL SEXO:
Las mujeres que ejercen la industria del sexo son en su mayoría mujeres extranjeras y su ejercicio está sujeto a relaciones de explotación y abren espacios de impunidad a los traficantes de personas y al trabajo sexual forzado.
Dado que los derechos de las personas migradas y los derechos de quienes ejercen la prostitución son derechos humanos, urge la elaboración de una política de lucha contra el tráfico de seres humanos para su explotación sexual, que en lugar de fundamentarse en la aplicación de sanciones y la práctica de expulsiones respecto de las personas traficadas, supongan el reconocimiento de sus derechos humanos, sociales, judiciales y la prestación de ayudas específicas.
EXTRANJERAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA:
La Mujer extranjera es especialmente vulnerable en situaciones de maltrato familiar. Las circunstancias de hacinamiento, acoso económico y marginalidad, en que vive un alto porcentaje de estas mujeres, extreman las condiciones de intolerancia y violencia doméstica.   Muchas de ellas tienen miedo a denunciar porque carecen de la documentación necesaria de regularización de su situación administrativa. Esta principal carencia se añade las dificultades materiales, lingüísticas y administrativas que disuaden a la víctima de denunciar o solicitar garantías. Esta situación se agrava aún más en los casos en que la mujer extranjera,  que esté conviviendo con un nacional y tenga hijos, ya que su situación de vulnerabilidad y riesgo se acentúa al ser su pareja la que controla los recursos económicos de los cuales ella depende exclusivamente.
Ante esta situación, es urgente, adoptar nuevas normas y prácticas públicas que observen de manera no uniforme los casos de maltrato y protejan a la mujer extranjera víctima de este tipo de violencia de acuerdo con sus especiales circunstancias de vulnerabilidad y riesgo.  La indiferencia y dejadez ante la desigualdad y la exclusión de las más débiles nos condenará a todos a vivir en una sociedad injusta .

de http://mujerdelmediterraneo.blogspot.mx y http://digmunceuta.blogia.com/

7.13.2014

7.12.2014

La crisis de los niños migrantes

En la Jornada se pueden encontrar una serie de artículos relacionados con el tema concentrados en este enlace

La crisis de los niños migrantes

Aunque el tema de la crisis humanitaria de los niños migrantes sin compañía comenzó a ganar espacio en los medios de comunicación en los últimos meses, el problema no es nuevo. “Siempre ha existido, pero la violencia de otros delitos ocultaba el fenómeno”, dice Olga Sánchez Martínez, Premio Nacional en Derechos Humanos en 2004. “Comencé en 1991 la ayuda a migrantes enfermos y desde entonces hemos apoyado a niños amputados; menores de 12, 13 y 14 que sufrieron accidentes, pero era una parte del fenómeno migratorio que no se tocaba”, asegura. Sólo este año, dice el INM, se han rescatado a más de 10 mil menores sin compañía.

7.10.2014

Partir para contar

"Partir para contar" es el título del libro escrito por Mahmud Traoré y Bruno Le Dantec. El primero, un migrante natural de Senegal que tardó más de 3 años en llegar desde Dakar a Sevilla cruzando diferentes países africanos para alcanzar el sueño europeo. En un camino no exento de peligros, Mahmud, conoció la vida errante del clandestino. Ahora nos lo cuenta en un libro imprescindible para conocer de primera mano la realidad de la inmigración subsahariana. El libro, editado por la editorial Pepitas de Calabaza, se puede adquirir en Katakrak, donde realizamos la entrevista a Mahmud.

6.19.2014