4.05.2010

“El sueño de la mayoría de los emigrantes consiste en vivir el mayor tiempo integrado en la familia”


Josefa Castro, Remscheid (de Crónicas de la Emigración)

Ángela Peramato es hija de emigrantes. Hasta los 18 años vivió al lado de sus abuelos en España. Al terminar el Bachillerato se reunió con sus padres y comenzó a estudiar en la Universidad Ruhr de Bochum, donde se licenció en Psicología. Está casada, tiene dos hijos y trabaja desde hace 26 años como psicóloga clínica en el Hospital Psiquiátrico ‘Stiftung Tannenhof’ de la ciudad de Remscheid. Por su trabajo y por su historial migratorio, se interesa especialmente por la situación de las mujeres emigrantes y, con frecuencia, ofrece ponencias sobre este tema en seminarios y ciclos de conferencias orientados a la mujer en Alemania y otros países de Europa.

Pregunta. ¿Cuál es la situación de las mujeres emigrantes en Alemania?
Respuesta. Yo creo que hay que diferenciar entre las edades de las mujeres, la situación y el contexto familiar y socioeconómico en que vivan o atraviesen. Pienso, además, que hay diferencias según la nacionalidad y la educación. Hay grupos de mujeres emigrantes de ciertas culturas que tienen problemas específicos que otras mujeres provenientes de otros países no tienen. Me refiero, por ejemplo, a las mujeres musulmanas, a las africanas, a las suramericanas y a las mujeres que proceden de países del este de Europa, que tienen problemas de desplazadas, refugiadas o repatriadas, que no tienen las mujeres emigrantes españolas y de otros países del sur mediterráneo de Europa; son contextos culturales completamente diferentes. Los problemas de las mujeres merecen ser estudiados con atención. No obstante, es importante hacer un llamamiento a reconocer la dignidad de todas las personas emigrantes y a desterrar todo sentimiento de xenofobia, exclusión o desprecio al extranjero.
P. Es opinión generalizada que las emigrantes, en general, tienen más problemas y sufren más enfermedades de tipo psicosomático que las demás mujeres, ¿comparte esa opinión?
R. No. La persona emigrante es, en general, por su propia condición, “fuerte innata”. Incluso después de padecer fases de inseguridad críticas y duras, como muchos humanos experimentan en la vida, no se enferman así como así. Quiero dejar constancia de que la emigración está llena tanto de oportunidades como de incertidumbres. En Alemania hay varios estudios empíricos y experiencia clínica que indican que el índice de personas españolas enfermas de tipo psicosomático u orgánico es mínimo, comparado con otras nacionalidades, y también cómo la mujer emigrante española aprovecha la emigración como un derecho y una posibilidad para su desarrollo humano.
Lo que ocurre es que los emigrantes corremos el riesgo evidente de que se realicen hipótesis inadecuadas de la realidad, vinculando algunos hechos a la crisis de las sociedades de acogida, pero en el fondo, las mujeres emigrantes han formado mecanismos de defensa que las personas no emigrantes desconocen. Repito, son las más fuertes. Las enfermedades que puedan manifestar a lo largo de su vida por estar en un estado de sobrecarga psíquica y física duradera, son una reacción normal y generalmente pasajera.
P. ¿Qué factores pueden influir en que esas sobrecargas de las que habla terminen afectando a la salud de las mujeres que las sufren, a pesar de su fortaleza?
R. En general, las mujeres creemos que tenemos que funcionar siempre a la perfección en varios frentes al mismo tiempo y tendemos a no escuchar las señales que nos envía el organismo cuando experimentamos sobrecargas prolongadas, sobre todo, de tipo psíquico. La propia personalidad y la educación recibida, entre otros factores, nos impiden exteriorizar, en muchos casos, lo que vivimos o lo que sentimos, pero también hay una predisposición genética y una presión social. Las mujeres, y los seres humanos en general, que no exteriorizan sus emociones negativas, como, por ejemplo, la tristeza, la rabia o la vergüenza, y no quieren o no pueden –en la mayoría de los casos es una mezcla de ambos sentimientos–, dar una imagen deteriorada hacia el exterior, por el motivo que sea, esforzándose incansablemente en demostrar, “que todo va en pompas”, albergan y acaban desarrollando ese tipo de enfermedades. También hay acontecimientos biográficos que ubican a las personas en un estado de excepción y favorecen el que puedan contraer una enfermedad psicosomática. Me refiero a pérdidas, como la muerte de un hijo o del cónyuge, al divorcio, que es uno de los acontecimientos vitales que más estrés produce a la pareja o a la familia si hay hijos, a la pérdida de trabajo, a la jubilación, o la pérdida sistemática, y a veces irreparable, de la autoestima en las víctimas de violencia de género o doméstica, tanto psíquica como física.
P. En la actualidad viven en Alemania bastantes mujeres españolas mayores que no retornan, o no se deciden a retornar todavía, ¿qué dificultades específicas tienen y qué les aconsejaría?
R. Creo que éste es el caso de las que viven en parejas mixtas, casadas con hombres alemanes o de otra nacionalidad, o de las viudas, las separadas o las divorciadas, que dominan el idioma alemán y se desenvuelven bien en Alemania. Estas mujeres suelen tener las mismas dificultades específicas y los mismos recursos que las mujeres alemanas que viven en idéntica situación.
Otro caso y otros problemas presentan las mujeres españolas casadas con españoles que se van haciendo mayores y que, después de haberse establecido en este país de acogida, tienen que tomar de nuevo la decisión de cómo encauzar su vida cuando lleguen a la jubilación. Este capítulo supone un nuevo quebradero de cabeza para ellas, sobre todo bajo el aspecto del paradero definitivo, que les pone de nuevo ante la elección: regresar a España o quedarse en Alemania. Es un problema de ambivalencia y de prioridades.
Un factor importante que dificulta en muchas ocasiones la decisión del retorno es el hecho de que la mayoría de los padres emigrantes dejan aquí a sus hijos y nietos, por lo menos a una parte, y es sobre todo la mujer la que tiene menos claro si regresar o quedarse.
Los hombres, generalmente, por lo que yo he observado y observo en mi trabajo, apuestan por la opción del retorno, sobre todo si tienen una casa en su pueblo o en algún lugar de España, pues al jubilarse ven su meta alcanzada y quieren regresar a sus raíces y a descansar.
A las mujeres les resulta más difícil dejar aquí a sus hijos y nietos, a los que, quizás por haber vivido el fenómeno de la emigración, están afectivamente más unidas y con los que, según ellas describen, tienen vínculos más fuertes que si se hubieran quedado en España y hubieran vivido en el seno de la familia de origen completa. Este aspecto es muy interesante. La decisión es muy difícil y erosiona a veces la cohesión familiar. En estos casos, una posible estrategia digna en nuestro ámbito emigrante familiar es el compromiso, si la salud, la movilidad, y las opciones económicas lo permiten. La solución ideal sería –dicen muchas mujeres–, el poder pasar unas temporadas en España y otras en Alemania. Familias españolas que aplican este modelo, describen este acuerdo como excesivamente apremiante.
P. Pero llegará el momento en que no puedan ir y venir. ¿No supone esto un nuevo conflicto?
R. A menudo se encuentran soluciones espontáneas y satisfactorias, dependiendo de los recursos disponibles en el entorno, también la vitalidad, con sus límites, nos muestra el sendero. El sueño de la mayoría de los emigrantes coincide con el sueño de la mayoría de las personas humanas y consiste en vivir el máximo tiempo posible integrado emocionalmente en su propia familia y tener también, fuera de la familia, relaciones amistosas satisfactorias.
Los emigrantes que han pasado en Alemania muchos años, han realizado una socialización. ¿qué quiere decir ésto? Pues que, aparte de los hijos y nietos, aquí tienen también amigos, vecinos, compañeros de trabajo, tienen su médico de confianza, en resumen, una red de contactos sociales en la vida cotidiana que les proporcionan seguridad, y tienen, además, una gran escala de valores.
En España les quedan hermanos y sobrinos, a algunos, los menos, les quedan los padres, todo esto unido a veces a una gran porción de idealismo, nostalgia y lealtad. Pero el decidir dónde pasar el último ciclo de la vida, supone tener aclarado el tema de los sentimientos y el tema cognitivo de las redes de apoyo social. Aquí está el dilema y la gran incógnita de tener que ir, posiblemente, en un periodo determinado de la vida a un asilo allí, o quedarse en un asilo aquí. Una señora española me decía hace poco: “Cuando se vive entre dos países se está continuamente comparando, analizando lo útil y lo que debemos abandonar”.
La primera generación de emigrantes creo que no se lo planteó tanto; con la meta de la jubilación alcanzada, sin tanta evaluación, generalmente, regresó. Hablando con mujeres y hombres españoles retornados, he descubierto que el retorno para los hombres fue, en la mayoría de los casos, una decisión acertada, pero algunas mujeres lo describen como un error, porque han tenido graves problemas de adaptación y, entre otras cosas, se ven en un estadio de retroceso después de varios años de autonomía. ¡No dejamos de aprender!
P. ¿Qué necesidades tienen las emigrantes españoles mayores en Alemania, desde la perspectiva de su profesión de psicóloga?
R. Con excepción de las que desconocen el idioma alemán y necesitan atenciones especiales con ayudas específicas en su idioma materno, lo que requiere un análisis de concienciación que contribuya a iniciar un proceso de ayuda eficaz, diría que las emigrantes españolas tienen las mismas necesidades que las mujeres nativas, exceptuando, actualmente, la decisión del retorno.
Yo creo que este último periodo de vida, que es la vejez, es un periodo en el que las personas humanas necesitan contactos sociales, necesitan actividad, necesitan sobre todo compañía, y no es un fenómeno sólo típico de la emigración española en Alemania o en Europa, sino que es un problema de la vejez en general, más acentuado en los emigrantes que viven aislados e incomunicados.
P. Actualmente, se habla de las ventajas de las relaciones intergeneracionales. ¿Cree que la participación activa de la persona mayor en la sociedad es posible?
R. Es posible y es sin duda un enriquecimiento recíproco. El crecimiento demográfico exige y obliga ya a elaborar nuevos conceptos que se van consolidando lentamente. El problema que se observa y plantea hoy en estas estructuras es cuando, con los años, las personas mayores comienzan a perder facultades mentales y físicas.
Convivencia intergeneracional significa responsabilidad, sensibilidad interpersonal y apoyo mutuo. Atender adecuadamente, en un momento concreto, a estas personas mayores significa, en este caso, buscar apoyos. En Alemania existe la intervención psicosocial ambulante que se va incorporando en el proceso. Mi experiencia clínica me permite expresar que cuanto más tiempo estén los mayores entre jóvenes o en un ambiente social activo y cronológicamente heterogéneo, más tiempo se complementan y enriquecen ambos grupos. El reforzamiento positivo de estímulos emotivos contribuye, sin duda, a mejorar su salud mental y física, y aunque llega un momento en el que la edad es la que decide, hasta entonces se ve ya que la convivencia intergeneracional se puede practicar con éxito.

1 comentario:

Alberto dijo...

La señora Angela Peramato describe muy bien la situación de las mujeres emigrantes españolas en Alemania que tienen con muchas mujeres emigrantes muchas cosas y vivencias en común. Gracias Señora Peramato por su acierto y claridad!!!