8.13.2014

el sueño chino y sus migrantes

A dream, in the truest sense, is a solo act. It can’t be created by committee or replicated en masse. Try as you might, you can’t compel your neighbor to conjure up the reverie that you envision. And therein lies the latent, uncertain energy in the concept of the “Chinese Dream.” As the new central motto of Chinese politics, introduced by President Xi Jinping in 2013, it is an expression of the Communist Party’s attempt to acknowledge the aspirations of its people. At the same time, wittingly or not, it is a provocative invitation to the public imagination.

In a country that has long defined its interests in collective terms, people are no longer waiting for their goals and sacrifices to be decreed from above. In Sharron Lovell’s insightful short film, she shows us the Chinese Dream not as a slogan but as the possession of the ordinary young men and women who will determine China’s future. A migrant worker from Henan who says of his austere life in the capital: “In Beijing, all I have is this bed.” A farmer’s daughter who is determined to find the “space to imagine freely.” And, an idealistic student who wants nothing more than to “truly improve the lives of ordinary Chinese people.” They live in the age of the selfie, of headphones, of the smartphone video. Each shows us that, in a city with a population larger than that of Australia, it is possible to be both alone and awakened by the urge to dream.

—Evan Osnos

8.04.2014

La triple discriminación de la mujer inmigrante y trabajadora


Reivindicar la necesidad de asumir la construcción de una sociedad en la que se reconozcan y garanticen las condiciones de igualdad y vida digna para las mujeres extranjeras debe ser uno de nuestros objetivos. La mujer extranjera sufre una triple discriminación: Discriminación  como MUJER, como TRABAJADORA y como INMIGRANTE .De cara a estas discriminaciones, deberían hacerse cargo la ciudadanía, los poderes públicos de ámbito local y nacional y las administraciones que trabajan a favor de la mujer.
Las condiciones del mercado laboral actual, los sectores económicos en los que se registran los niveles más altos de ilegalidad son los mismos en los que se ha concentrado la demanda de trabajo de extranjeros y, no por casualidad, los que registran mayores niveles de precariedad. De estos, las mujeres inmigradas y fronterizas, en el caso de nuestra ciudad,  han sido reclutadas mayoritariamente en ramas caracterizadas por sus condiciones de inestabilidad y desamparo jurídico, como el trabajo doméstico y de cuidado, la hostelería y la prostitución.
En general, las mujeres extranjeras trabajadoras,  contribuyen más de lo que perciben, y su colaboración en el mercado laboral y en el crecimiento económico no conlleva una contrapartida adecuada en el reconocimiento y ejercicio de sus derechos.

MUJERES EXTRANJERAS TRABAJADORAS EN LA LLAMADA INDUSTRIA DEL SEXO:
Las mujeres que ejercen la industria del sexo son en su mayoría mujeres extranjeras y su ejercicio está sujeto a relaciones de explotación y abren espacios de impunidad a los traficantes de personas y al trabajo sexual forzado.
Dado que los derechos de las personas migradas y los derechos de quienes ejercen la prostitución son derechos humanos, urge la elaboración de una política de lucha contra el tráfico de seres humanos para su explotación sexual, que en lugar de fundamentarse en la aplicación de sanciones y la práctica de expulsiones respecto de las personas traficadas, supongan el reconocimiento de sus derechos humanos, sociales, judiciales y la prestación de ayudas específicas.
EXTRANJERAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA:
La Mujer extranjera es especialmente vulnerable en situaciones de maltrato familiar. Las circunstancias de hacinamiento, acoso económico y marginalidad, en que vive un alto porcentaje de estas mujeres, extreman las condiciones de intolerancia y violencia doméstica.   Muchas de ellas tienen miedo a denunciar porque carecen de la documentación necesaria de regularización de su situación administrativa. Esta principal carencia se añade las dificultades materiales, lingüísticas y administrativas que disuaden a la víctima de denunciar o solicitar garantías. Esta situación se agrava aún más en los casos en que la mujer extranjera,  que esté conviviendo con un nacional y tenga hijos, ya que su situación de vulnerabilidad y riesgo se acentúa al ser su pareja la que controla los recursos económicos de los cuales ella depende exclusivamente.
Ante esta situación, es urgente, adoptar nuevas normas y prácticas públicas que observen de manera no uniforme los casos de maltrato y protejan a la mujer extranjera víctima de este tipo de violencia de acuerdo con sus especiales circunstancias de vulnerabilidad y riesgo.  La indiferencia y dejadez ante la desigualdad y la exclusión de las más débiles nos condenará a todos a vivir en una sociedad injusta .

de http://mujerdelmediterraneo.blogspot.mx y http://digmunceuta.blogia.com/

7.21.2014

Playing for change: Clandestino


7.13.2014

de la hipocresía del poder


7.12.2014

La crisis de los niños migrantes

En la Jornada se pueden encontrar una serie de artículos relacionados con el tema concentrados en este enlace

La crisis de los niños migrantes

Aunque el tema de la crisis humanitaria de los niños migrantes sin compañía comenzó a ganar espacio en los medios de comunicación en los últimos meses, el problema no es nuevo. “Siempre ha existido, pero la violencia de otros delitos ocultaba el fenómeno”, dice Olga Sánchez Martínez, Premio Nacional en Derechos Humanos en 2004. “Comencé en 1991 la ayuda a migrantes enfermos y desde entonces hemos apoyado a niños amputados; menores de 12, 13 y 14 que sufrieron accidentes, pero era una parte del fenómeno migratorio que no se tocaba”, asegura. Sólo este año, dice el INM, se han rescatado a más de 10 mil menores sin compañía.

7.10.2014

Partir para contar

"Partir para contar" es el título del libro escrito por Mahmud Traoré y Bruno Le Dantec. El primero, un migrante natural de Senegal que tardó más de 3 años en llegar desde Dakar a Sevilla cruzando diferentes países africanos para alcanzar el sueño europeo. En un camino no exento de peligros, Mahmud, conoció la vida errante del clandestino. Ahora nos lo cuenta en un libro imprescindible para conocer de primera mano la realidad de la inmigración subsahariana. El libro, editado por la editorial Pepitas de Calabaza, se puede adquirir en Katakrak, donde realizamos la entrevista a Mahmud.

6.19.2014


3.22.2014

El Negocio de la Xenofobia



EL NEGOCIO DE LA XENOFOBIA. 
¿Para qué sirven los controles migratorios? 
de Claire Rodier.


A la política migratoria en el mundo occidental no le afecta la crisis. Desde los años 90 la preocupación por la seguridad ha ido en aumento, provocando el blindaje sistemático de las fronteras materializado en faraónicas obras e ingentes inversiones. Tras el 11 de septiembre esta tendencia se radicalizó más allá de la lógica generando una industria cuyos beneficios no han parado de crecer.

La jurista francesa Claire Rodier presenta en El negocio de la xenofobia una rigurosa investigación y desvela quiénes son los beneficiarios y los damnificados de la empresa titánica de poner -literalmente- puertas al campo y controlar a los seres humanos que se atreven a burlar las fronteras. 


Este libro revela así, en primicia, los nombres propios y las cifras del negocio de los controles fronterizos y los centros de detención de extranjeros, una industria que ha permanecido opaca hasta hoy.
En El negocio de la Xenofobia la autora recorre los principales focos de interés del control migratorio a lo largo del planeta. Desde el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) que se usa para controlar las aguas de las islas Canarias, Baleares y el sur de España, a las murallas que se alzan entre México y Estados Unidos o Israel y Palestina.

Con este trabajo Rodier critica la implicación política de la ultraderecha en la ideologización de la xenofobia que recorre la Unión Europea o Estados Unidos y pone al descubierto el lucrativo negocio del control de la inmigración, que se hace patente en la renovación constante de los sistemas de vigilancia de las fronteras, en la gestión de los centros de detención de extranjeros y su posterior expulsión.
Sobre la autora

Claire Rodier es jurista del GISTI (Grupo de Información y Apoyo a los Inmigrantes) y cofundadora de la red europea Migreurop. Se dedica especialmente a las políticas europeas de inmigración y asilo. Ha participado en numerosas publicaciones sobre estos temas, ha colaborado en el Atlas des migrants en Europe y coordinado, con Emmanuel Terray, la obra colectiva Inmigration. Fantasmes et realités.

El negocio de la xenofobia. ¿Para qué sirven los controles migratorios?
Título original: Xenophobie Business. A quoi servent les contrôles migratories?
Autor: Claire Rodier
Traducción: Iván Barbeitos García
Número de páginas: 152
ISBN: 978-84-940014-9-9
Precio: 14 euros

3.09.2014

La Cacería, relato de Ramón Vera Herrera

recién publicado en Ojarasca


 
Nosotros nos subimos al autobús en Ciudad del Carmen pardeando la tarde. En la laguna de Términos se hundía el sol entre las nubes volviéndolas jirones de lana. El camino sería largo y los vendedores trepaban sin mucho trámite a ofrecer mango con chile, refrescos y jugos. Tardó en salir el camión (después entenderíamos por qué) y para cuando recorrimos las primeras cuadras por la ciudad, las sombras se apoderaban de las esquinas y el horizonte se perdía en las farolas que se fueron encendiendo. Aunque nos extrañó que no tomara de inmediato la avenida por la que se sale del puerto hacia el  larguísimo puente que conecta con tierra firme, de plano nos desconcertó que comenzara a penetrar un barrio de calles angostas y diagonales cercanas al agua de la laguna, algunas de ellas anegadas por el desnivel de la ciudad y la ausencia de drenajes.
En una rinconada, el autobús hizo un alto. La oscuridad era total. El chofer abrió la puerta y raudas subieron dos mujeres muy jóvenes. El chofer cerró la puerta justo tras ellas y reculó unos metros para dar una vuelta en U casi de inmediato. El interior del autobús, también a oscuras, las cubrió en un respiro y algo dijeron en voz baja entre ellas y el chofer —que siguió buscando una salida hasta la avenida para de ahí enfilarse al puente. Ellas atravesaron de inmediato el pasillo hasta los últimos asientos y todo el camión se volvió un silencio tibio que anunció la frescura del camino, el viento y la velocidad que comenzaron a colarse junto al ruido del motor más desfogado.
Eran bonitas. Sobre todo una de ellas, con el cabello ensortijado y nada largo, como una melenita de león, dejó al pasar su aura de muchachita delgada y presente siempre.
Me acuerdo que supimos de inmediato que huían. Y que el conductor era su cómplice. No era un instrumento de su huida sino tal vez una mano generosa, o un enamorado dispuesto a todo.
Nos dijimos que parecían centroamericanas, tal vez atrapadas en alguna de esas estafas de ruindad ramplona donde alguien les exigía, como parte de no denunciarlas y tal vez ayudarlas a subir por el país, su cuota de prostitución y servidumbre envilecida para dejarlas ir. Por qué pensamos eso es difícil decirlo así de primeras. Es tan difícil explicar lo obvio.
No traían nada de equipaje. Ni siquiera un morral. Tan sólo una bolsita de tela colgada al hombro, una de ellas. La otra era todavía más evanescente.
Pero el calor a pesar del aire acondicionado nos cerró los párpados y  pronto el autobús corría por las carreteras de Tabasco y casi en todos los asientos se soñaba. El autobús paró en Villahermosa un rato que parecieron horas.

Como a las cinco de la mañana cruzamos un puesto de revisión de la migra en la carretera costera que recorre de sur a norte Veracruz. Ahí nos hicieron alto unos oficiales. El conductor tenía que detenerse y lo hizo. Subieron dos agentes y ni preguntaron. Fueron derechito hasta el fondo del autobús por las dos muchachas. Ni las interrogaron. Solamente dijeron, acompáñennos. Ni se resistan. No fueron las únicas personas a las que bajaron, pero no interrogaron a nadie sino hasta bajar a las dos muchachas y ponerlas en custodia en una caseta que estaba al fondo de un terraplén donde se estacionaban varias patrullas y una ambulancia. Una caseta de radiocomunicación con una enorme antena le daba el aire de oficialidad al caserío improvisado que era la garita de control migratorio. Bajaron a otros tres y a una pareja. Pero a ésos los dejaron sentados en unas bancas cerca del autobús, esperando su turno.
Y claro, al conductor también lo habían detenido. Su uniforme asomaba por una de las ventanas de la caseta del fondo.
La gente comenzó a bajar para estirar las piernas. Los agentes nos informaron que nos iban a cambiar de autobús pues éste se quedaba detenido junto con el conductor. No daban ninguna otra explicación, y ni la mirada concedían.
La pareja contó que una de las muchachas les había medio contado su historia en la madrugada. Que angustiada confirmó que venían de Honduras y que, después de cruzar, en Tapachula una mujer las había apartado y les anunció que si no querían ser deportadas, encarceladas y torturadas (de plano así les dijo), tenían que irse con ella (y dos hombres) a Ciudad del Carmen, a trabajar unos días, y que si se portaban bien les conseguirían papeles de mexicanas como para quedarse en el país o para moverse a donde se les diera la gana.
Pero cuando llegaron a Ciudad del Carmen, la casa resultó ser un burdel ni siquiera muy fino, donde recalaban los petroleros y los camioneros de la vuelta del Golfo y sin más las pusieron a trabajar con amenazas y maltratos. Que no las golpearon mucho, porque debían estar presentables, pero sí les sabían pegar sin dejar marca, como le pasó a una de ellas un día que de plano se negó a atender a un hombre que le dio mucho miedo nomás de lo que le dijo que tenía que hacer. También les daban baños de agua fría, y las amarraban o las encerraban o las dejaban sin comer si algo de su “comportamiento” no les gustaba a las matronas.
La muchacha del cabello ensortijado les dijo que el conductor no era su novio pero que se había ofrecido a sacarlas de ahí, porque no tenían madre los que las habían encerrado en esa casa.

Entre la gente del camión se hicieron dos bandos. Uno que decía que el chofer las había puesto, pa’ denunciarlas y cobrar una lana que los agentes de migración le dan a quien les entrega a algún indocumentado. Que lo habían bajado para hacer la faramalla nomás.
El otro bando, al que pertenecíamos, insistió en que el conductor simplemente no midió las fuerzas tan tendidas contra las que se enfrentó. Que no supo con quienes se metía.

Llegó otro autobús y a todo el pasaje nos trasvasaron. Dejamos atrás el sitio donde los perros ensalivados se envilecían con el recuento de su cacería.

1.27.2014

lo que llevan las maletas


Xiang Huazhen es solo una de los 3.200 billones de pasajeros que regresan a sus casas para pasar las festuvudades de Primavera, incluída la recepción del año nuevo lunar. Esta es considerada la migración temporal más grande del mundo. En China, en la ciudad de Zhuzhou, en la provincia de Hunan, un reportero gráfico pidió a vari@s viajer@s que mostraran lo que llevaban en la maleta.

Xiang Huazhen lleva cargando un total de 40kg. Xiang y su esposo trabajan en Zhuzhou y su hijo de 23 años trabaja en Guangzhou. Todos juntos regresan a su casa natal en Zhangjiajie, tambien en Hunan.
 Tras afirmar que no había ningún objeto particular entre sus pertenencias, mostraron toodo lo que tenía su maleta: sus  herramientas de trabajo, y algunos pocos enseres y ropa. Sus zapatos seríaan tal vez los objetos más caros entre todos los demás.

pueden ver las demás fotos aquí

1.07.2014


fijáos


12.19.2013

libro de ONU MUJERES: Género en marcha: Trabajando el nexo migración-desarrollo desde una perspectiva de género



 autora:  Allison. J Petrozziello

Alrededor del mundo, un gran número de mujeres migran para buscar trabajo y una vida mejor. Para muchas de ellas, la migración implica desarrollo, pero para muchas otras, conlleva muchos riesgos, tales como la explotación en el trabajo doméstico y la vulnerabilidad hacia la violencia. Las políticas y las prácticas migratorias reflejan un débil reconocimiento de dichos riesgos y la poca voluntad de asegurar la seguridad de las mujeres en este proceso.

La migración y las remesas tienen el gran potencial de contribuir al desarrollo al mismo tiempo que presenta grandes desafíos. El manual de capacitación “Género en marcha: Trabajando el nexo migración-desarrollo desde una perspectiva de género” tiene como objetivo  aumentar la capacidad de análisis en género de las personas que trabajan en el tema de la migración y del desarrollo, y proponer un modelo de desarrollo centrado en las personas, los derechos humanos y el principio de la igualdad de género.
El manual ofrece también una serie de herramientas que pretenden ayudar a diseñar programas y políticas que refuercen los efectos positivos de la migración en términos de desarrollo, tanto en los países de origen como de destino. El manual, disponible en inglés y español, está dividido en una guía para facilitadores y cuatro guías, las cuales tienen una parte de auto aprendizaje y una parte de actividades para diseñar talleres presenciales.

El manual busca estimular la reflexión y las acciones relativas a la migración y al desarrollo desde una perspectiva de género y de derechos humanos. En este sentido, varios temas están destacados, como la migración para los cuidados, la importancia de incluir los cuidados dentro de la agenda del desarrollo, y los derechos de las mujeres migrantes. El manual está organizado de la manera siguiente:
  1. Introducción al género, la migración y el desarrollo
  2. El impacto de las remesas sobre el desarrollo local en los países de origen, desde una perspectiva de género
  3. Las cadenas globales de cuidado
  4. Las políticas migratorias y los derechos de las mujeres migrantes.
Ver en línea o bajarlo en estos enlaces: español - inglés

12.18.2013

otro día del migrante: ¡bravo por tod@s nosotr@s!

En el muro entre Tijuana y San Ysidro, CA.Foto Francisco Mata Rosas 


12.10.2013

Una madre reencuentra a su hija en el primer día de la Caravana de Migrantes desaparecidos en DF

Shaila Rosagel, Ciudad de México, 10 de diciembre (SinEmbargo).–

 Doña Lucila es menudita, chiquita y su rostro envejecido lleva luz por el rosado de su suéter de estambre. De su cuello cuelga la fotografía de Ana Julia Aguilar con un bebé en brazos. Hace 13 años que no la ve porque desapareció en la Ruta del Migrante en México. Ana salió de Nacaome, Valle de Honduras, para emigrar a Estados Unidos y ganar los recursos suficientes para mantener a un hijo y una hija. Pero en el camino se perdió. Ayer, la fotografía que colgaba del cuello de doña Lucila, ahora de 73 años, cobró vida, pues en el paso de la Caravana de Madres de Migrantes Centroamericanos Desaparecidos por el Distrito Federal, Ana y su mamá se encontraron. Doña Lucila prometió no quitarse la fotografía hasta encontrarla y caminar y recorrer kilómetros en su búsqueda, movida por la ilusión de volver abrazarla. Ana Julia llegó con su hija Alexa de nueve años. Entró a la Casa de los Amigos ubicada en la colonia Tabacalera y se lanzó a los brazos de su madre. Las tres generaciones se reencontraron y lloraron por unos minutos, los besos llegaron y la pequeña Alexa conoció a una abuela, que sólo vivía a través de los relatos de su madre.

ENCUENTRA A SU FAMILIA POR FACEBOOK
Ana Julia emigró de su país con la intención de llegar a Estados Unidos, pero se quedó en México y nunca cruzó la frontera anglosajona. A los días de su llegada al país perdió contacto con su familia en Honduras. Traía un teléfono anotado en una libreta, marcó aquel número varias veces y no pudo concretar la llamada. La libreta se perdió entre las vicisitudes que Ana libró a su llegada. Una indocumentada sola que logró llegar al Distrito Federal y sortear con suerte la Ruta del Migrante desde el sureste mexicano. “Me vine acá para buscar un empleo pero a veces, se queda una en el camino. Yo perdí contacto con mi familia y ya no pude buscarlos, por la misma situación mía, porque soy indocumentada”, cuenta. En México tuvo tres hijos: la pequeña Alexa de nueve años, un niño de seis y una jovencita de 17. Fue gracias a su hija mayor y sus búsquedas a través de la red social Facebook como Ana Julia encontró a su familia en Honduras. “Mi hija la mayor se puso a buscar y a buscar hasta que los encontró. No sé explicar lo que siento, estoy muy emocionada, esto cambia mi vida”, dice. Ana Julia se reencontró con su madre a través de la Caravana, pero será ella y su familia quien la lleve de regreso a Honduras esta Navidad, porque Julia aún tiene un pendiente: ver a sus dos hijos de 23 y 19 años que dejó en su país. “No los volví a ver, no los volví a ver, pero ya, pronto estaré con ellos”, dice sonriendo. Juan Manuel Morales, pareja de Ana Julia desde hace seis años, asegura que la vida de la mujer en México ha sido difícil. “Ha sufrido mucho. Ha padecido violencia y no podía ir a Honduras por su situación. Hasta la fecha ella no tiene papeles, es indocumentada, pero vamos arreglar eso”, dice.


CUARENTA MADRES BUSCAN A SUS HIJOS
Alrededor de 40 madres de migrantes desaparecidos llegaron ayer al Distrito Federal, donde permanecerán hasta el miércoles, como parte de uno de los destinos de la Caravana que iniciaron el 1 de diciembre. La caravana, para exigir justicia y pedir cuentas a las autoridades mexicanas, que salió desde Centroamérica y concluirá el 18 de diciembre en Tapachula, Chiapas. Las mamás son originarias de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, los países de donde proviene el grueso de la población migrante que intenta cruzar México. La primera parada de la caravana fue en el Ceibo, Tenosique, Tabasco, uno de los puntos más cruentos para los centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos y conquistar “el sueño americano”. En Tenosique, el padre Fray Tomás González Castillo, director del albergue La 72, ha denunciado que los migrantes son víctimas de extorsión, secuestro, violación y asesinato por parte del crimen organizado. Los criminales les cobran una cuota de 100 dólares una vez en el tren y si los indocumentados no pueden pagar, son arrojados a las vías con la máquina en movimiento. Las mamás de aquellos que desaparecieron en alguna parte del trayecto por México, hicieron ya parada obligatoria en Palanque, Chiapas y después en Coatzacoalcos, Veracruz. Palenque y Coatzacoalcos son dos de las ciudades más violentas para los migrantes. En esos lugares se cometen todo tipo de crímenes contra ellos. Delitos que han documentado durante los últimos años los activistas que trabajan en la zona. En el Distrito Federal realizarán algunas visitas, una de ellas la realizarán hoy a las 10:00 horas en el Senado de la República y por la tarde acudirán al Claustro de Sor Juana. En la Caravana viajan mamás que buscan hasta dos hijos extraviados en ese camino que diariamente muchos recorren a bordo de La Bestia. Durante la Caravana se dieron ya cuatro encuentros entre hijos desaparecidos con sus mamás: dos en Guadalajara, uno en San Luis Potosí y el de ayer en la Ciudad de México. Todas ellas viajan con la esperanza de realizar su sueño y abrazar, como lo hizo doña Lucila, de nuevo a sus hijos e hijas desaparecidas en el camino mexicano.

 Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/10-12-2013/840250. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

vámonos


11.13.2013

Amarillo

Un hombre ha partido y no se sabe nada de él. Amarillo, Texas es el destino al que nunca arribó. Una mujer en la distancia reconstruye su cuerpo, su identidad, su probable itinerario y un discurso imaginado del ausente… Ese hombre y esa mujer tienen múltiples rostros, cientos de miles de identidades que conforman la imagen de un pueblo en éxodo continuo que se vacía lentamente.

Teatro transversal de Línea de Sombra



Soy emigrante y siento puta vergüenza.

Soy español, tengo 37 años. Soy emigrante en Uruguay y lo tengo que decir: me avergüenzo de mi país y de su gobierno.

Hace siete meses que vivo en Montevideo. A diferencia de otras ocasiones en las que he salido fuera, no lo he hecho con una beca, un contrato de prácticas o un trabajo con la cooperación. Esta vez he emigrado con mi compañera, hartos de la falta de perspectivas, de la depresión colectiva, del constante desgaste que supone intentar moverse en una ciudad pequeña. Nos hemos ido siendo conscientes de que somos también privilegiados: una indemnización por despido y una serie de préstamos de familiares y amigos nos han permitido salir del país con  mayor probabilidad de encontrar trabajo que mucha otra gente en nuestra situación. Somos, en resumen, dos más dentro de la marea de 700.000 personas que han abandonado España desde el año 2008.
En estos siete meses, Uruguay nos ha acogido amablemente. Las elaboradas historias que habíamos ensayado para justificar en el aeropuerto por qué llevábamos un billete con vuelta  para un año después y tantas maletas no hicieron falta en absoluto. La gente que pregunta por qué estamos aquí nos desea mucha suerte y no son pocos los que dan consejos útiles o pasan ofertas de trabajo. No hemos visto una sola mala cara, un comentario de temor hacia el recién llegado. Es más: a las tres semanas de aterrizar ya teníamos una cédula de identidad provisoria que nos habilitaba a hacer todos los trámites de instalación. En cuatro meses mi pareja había encontrado trabajo como periodista. Ayer me llamaron del ministerio de Cultura local: había ganado uno de los concursos a los que me había presentado para un puesto de técnico cultural. Estamos hablando de un empleo público. Yo, un inmigrante recién llegado, he podido optar en igualdad de condiciones  en una convocatoria de empleo. Algo impensable en España para un uruguayo que emigre a nuestro país. Primero, porque no hay empleo público que valga. Segundo, porque las dificultades que les ponemos para conseguir papeles son inimaginables para nosotros. Y es algo que me da vergüenza, propia y ajena.
Me da vergüenza ajena porque esta mañana he leído que nuestro gobierno, el gobierno de España, el gobierno de mi país, que está mandando gente fuera a paladas, ha reinstalado vallas con cuchillas en la frontera de Melilla con Marruecos. Para evitar “los asaltos”, informa el que fue el diario independiente de la mañana. Los asaltos. Se refiere a la gente desesperada por encontrar una vida mejor. Gente como nosotros, con una salvedad: ellos son (más) pobres. Y como son pobres, merecen que les pongamos sistemas medievales de contención que no aplicamos ni a los animales en el campo. Las fotos son para vomitar. Restos de ropa ensangrentada. Hojas afiladas como cuchillos de carnicero. Un país de emigrantes, que es lo que somos, practicando la mutilación como política migratoria.
Una imagen vale más que mil palabras: una puta vergüenza.
          Una imagen vale más que mil palabras: una puta vergüenza.
Me da vergüenza propia al recordar una mañana de junio de 2010 en la estación de metro de Legazpi, en Madrid. Unos policías pedían la documentación a determinados viajeros. A los que de raza negra o con rasgos latinos. Solamente a estos. Me quedé 20 minutos haciendo estúpidamente como que leía el periódico. En ese tiempo identificaron a seis o siete personas. Solo por su aspecto. No me atreví ni a preguntar ni a intervenir. Supe que aquello estaba mal. Que los dos chicos que se llevaron detenidos no habían hecho nada malo más allá de ser de fuera. De tener un aspecto distinto. Luego leí más y descubrí que es una práctica habitual: en España, si tienes la piel oscura, verás a la policía mucho más frecuentemente. Y me da una puta vergüenza que no consigo describir.
¡No te preocupes! ¡Solo te paramos si eres extranjero! ¡Esto es una democracia!
¡No te preocupes! ¡Solo te paramos si eres extranjero! ¡Esto es una democracia! Fuente
Salgo de mi casa y el señor de la abarrotería de la esquina, que siempre me llama gallego de forma afectuosa, me saluda con una sonrisa. Y me vuelvo a avergonzar. Recuerdo los panfletos que un grupo de imbéciles, porque no merecen otro nombre, habían dejado en las aulas de la facultad donde, como buen parado treintañero, hacía el doctorado. Daban una “respuesta estudiantil” a la crisis basada en culpabilizar al emigrante, en criminalizar al diferente. Dos de ellos repartían folletos en la entrada y les pregunté que por qué lo hacían. Me miraron como si fuera un extraterrestre: “porque los panchitos nos quitan el trabajo”. En Valladolid. Que tiene 54.000 parados. Que ha mandado a 20.000 personas al exilio (en ese momento todavía no imaginaba que yo sería uno de ellos). Asco y vergüenza, es lo que me provocaron esos dos niñatos con sus banderas de España y todos los que son como ellos, intentando sacar partido de la crisis.
Efecto de las cuchillas en Melilla. ¿El crimen de este hombre? Pues el mismo que el mío: aspirar a una vida mejor.
Efecto de las cuchillas en Melilla. ¿El crimen de este hombre? Pues el mismo que el mío: aspirar a una vida mejor. (foto @Sergiocarofoto)

Hoy mis compañeros me han felicitado efusivamente por mi nuevo trabajo. Para sacar algo de dinero he hecho de figurante en una ópera. Cosas de la emigración. Mientras me palmeaban la espalda, de nuevo he sentido vergüenza al recordar una reunión de coordinación en la embajada de España en Guatemala. Desde la oficina de cooperación habíamos mandado, con una beca, a una brillante estudiante de posgrado guatemalteca para participar en un curso de verano en la Complutense. Con todos los certificados y papeles necesarios para que no hubiera problemas, pero, como era habitual, los hubo: al bajar del avión, un policía nacional se fijó en su huipil, el traje típico de los indígenas mayas. La llevaron a la comisaría de Barajas y la tuvieron 72 horas antes de deportarla de vuelta al país. Sus compañeros de viaje, más blancos, en cambio no tuvieron ningún problema.
El embajador, una buena persona y un buen profesional -algo no muy abundante en nuestro ciclotímico servicio exterior- no daba crédito. Llamó al comisario jefe de Barajas, que le dio largas. Le exigió explicaciones al teniente de la Guardia Civil de servicio en la embajada, que prometió enterarse “de que había pasado”. Al salir de la sala de reuniones se formó un corrillo y el hombre, encogiéndose de hombros, comentó como si fuera muy evidente “claro, es que…si vas vestido de indio, lo normal es que te paren”. Así como suena. Un funcionario público. Un tipo con 20 años de servicio. ¿Cómo no va a tener prejuicios racistas el policía de 25 años que se acaba de sacar la oposición? Una puta vergüenza, es lo que me pareció en ese momento, y lo archivé en la categoría de anécdotas de embajada. Ahora, consciente de que es un patrón recurrente, la vergüenza me la aplico a mí mismo por no haber interrumpido y haberle, por lo menos, mandado a la mierda.
Repito: me avergüenzo porque somos un país de emigrantes. Emigramos en masa a América Latina a finales del XIX y principios del XX. Nos exiliamos por decenas de miles después de la guerra civil, de nuevo en este continente, y aprovechamos para mandar fuera a la flor y nata académica e intelectual del país. En los años cincuenta, otra vez, emigramos por millones a Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda o Francia. Y ahora volvemos a hacerlo, en una curiosa mezcla de mareas migratorias: licenciados con idiomas, como en el 39, buscando cualquier trabajo, como en el 52. Y mientras tanto nuestros gobiernos siguen comportándose como nuevos ricos con los que vienen a España: exigiendo trámites interminables, demorando absurdamente los papeles, prejuzgando por el tono de piel, convirtiéndolos en objeto de discriminación y rechazo,  jugando al señorito andaluz que arruga la nariz ante la pobreza porque en el fondo le recuerda que no hay demasiada diferencia entre España y los países a los que nos vamos (o mejor, a los que nos echan), y que nos acogen con generosidad, en busca de un futuro que ellos nos niegan.
Cuchillas en las fronteras, redadas racistas, leyes discriminatorias. No reconozco a mi país ni a su gente en estas medidas: va siendo hora de pensar en reventar, también, la burbuja de ignorancia represiva que nos están aplicando. Por ellos y por nosotros, por los que nos vamos y los que os quedáis. Pero mientras tanto, de verdad, qué vergüenza.

POST ORIGINAL AQUÍ

10.12.2013

JORNALEROS AGRÍCOLAS MIGRANTES: Viajeros sin Futuro

ABRAHAM GARCÍA GÁRATE




MÉXICO ES UN PAÍS que vive un proceso de migración dinámico al interior de su territorio, teniendo como protagonistas principales a los jornaleros agrícolas migrantes. Son los peregrinos del hambre, los desheredados.

El hambre que padecen estas familias ha permitido que los productores agrícolas labren fortunas. Esta fuerza de trabajo, esta mano de obra casi gratis es la que necesitan para explotarlos como esclavos modernos. Entre más indefensos estén, más posibilidades existen para cometer abusos, engaños y tratos crueles e inhumanos que le garantizan a los empresarios agrícolas la obtención de ganancias fáciles y de alto rendimiento.

En México, la Encuesta Nacional de Jornaleros (ENJO 2009), arroja que dos millones 40 mil 414 personas se dedican a actividades agrícolas, quienes sumadas a los miembros de sus familias ascienden a más de nueve millones de personas en hogares jornaleros. La estimación del universo total de jornaleros en México consideró un promedio de 4.5 integrantes por hogar jornalero, tomando en cuenta los más de dos millones de jornaleros a nivel nacional y como máximo la misma cantidad de familias, se logró estimar la población jornalera superior a nueve millones.

Es la primera vez que en el país se tiene un padrón que permite conocer de dónde son los jornaleros, cuáles son sus principales rutas de migración, cual es la cifra aproximada de población infantil jornalera, dónde trabajan y en qué tipo de cultivos participan. La Encuesta Nacional de Jornaleros 2009, logró levantarse en 689 municipios de 31 estados.

Se calculó que 21.3 por ciento de las familias son migrantes; es decir, hay 434 mil 961 familias de jornaleros agrícolas migrantes a nivel nacional. El mayor porcentaje se encuentra entre los 16 y 20 años, con un 7.8 por ciento para los hombres y 6.5 para las mujeres.

Del total de los jornaleros agrícolas migrantes, se informó que actualmente 81 por ciento son hombres y 19 por ciento mujeres; 57 por ciento del total de jornaleros se emplea en cultivos de café y chile, y que del total de la población de jornaleros 39 por ciento son menores de edad; es decir, 795 mil 761 niños o adolescentes; 90 por ciento de los jornaleros agrícolas carece de contrato formal; 48.3 por ciento tiene un ingreso de tres salarios mínimos y 37 por ciento gana dos salarios mínimos. El 54.8 por ciento de los trabajadores están expuestos a productos agroquímicos de forma cotidiana y el 40 por ciento de los jornaleros agrícolas provienen de población indígena.

La población jornalera agrícola infantil en el país asciende a un total de 711 mil 688 menores de edad, aproximadamente 39.1 por ciento de la población jornalera. Un 60 por ciento de estos niños, niñas y adolescentes se dedica al trabajo remunerado como trabajadores agrícolas. Siendo el chile el cultivo en el que más menores laboran, 55 mil 635 que corresponden al 12.8 por ciento del total de la población jornalera infantil. Le sigue el melón y el tomate rojo con el 11 y el 10.4 por ciento respectivamente, mientras que en los cultivos de piña (0.2%) y tabaco (0.3) se identificó una cifra menor de niños trabajando.

A las labores agrícolas la mayoría de las niñas y niños jornaleros empiezan su vida como trabajadores del campo después de los cinco años, encadenándose así, eternamente al trabajo duro del surco. Por otro lado, hombres y mujeres de menos de cincuenta años ya no son contratados, en su mayoría porque su mejor momento ha quedado atrás. Antes de los cincuenta son ancianos. Antes de los diez años a las niñas y niños jornaleros les han robado su infancia.

Las camionetas Ford-350 de redilas salieron del pueblo y se perdieron en el camino terregoso dejando una estela de polvo tras de sí, era lo que él alcanzaba a ver. Sus hijos, nueras, nietos y bisnietos viajaban en ellas. Su bisnieto más chico era El Chencho, del que con más alegría se había despedido. “¡Ah muchacho!”, pensaba al recordar  también, que por esa edad empezó a trabajar en el campo a cambio de pocos pesos para ayudar a la familia; sus hermanos más grandes lo habían enseñado a trabajar.

 En este viaje lo dejaron en el pueblo, ya no pudo ir aunque quería, a sus casi cincuenta años era un anciano. Sus hijos ya no lo quisieron llevar  y ya nadie lo quería contratar.

Sus manos y la espalda no trabajaban como antes cosechando, en ese antes donde podía recorrer surcos llenando costales, javas, arpillas, cajas; de limón, tomate, chile, pepino, papaya, aguacate, melón. Pero ahora decían los mayordomos o los “cabos” que ya no le funcionaban, que no, que ya no eran útiles. Es cierto, la espalda le dolía pero no como para no poder trabajar. La tos que tenía -decían los promotores de salud- era crónica, como si él supiera que era eso- ya la traía desde hacía años, pero ahora sí les importaba. Esa tos la había agarrado en el mismo campo donde Mercedes, su mujer, enfermó para no volver a curarse. De allá se habían traído algo, a ella la Muerte se la había llevado pronto, a él, lo roía por dentro todo el tiempo. El más pequeño de sus hijos nació por aquellas épocas, pero no sobrevivió, no sabía bien por qué. Le habían dicho que por los “Agentes Químicos” en los surcos, pero él nunca había visto por los campos de cultivo a esos señores para enfrentarlos.

Toda su vida la había vivido en el campo, entre su comunidad y las zonas de trabajo. Aunque había nacido en su pueblo, al mes ya acompañaba en su periplo por los campos de cultivo del país a su madre y a su padre en los jornales del campo. Dormido lo dejaban en el surco mientras ellos recogían la cosecha. Su madre le contó que una vez casi se muere de insolación y deshidratación porque no se acordaban en qué surco lo habían dejado. Cuando le preguntaba a su padre, hombre de muy pocas palabras pero de mucha fuerza,

¿Por qué trabajaban en el campo? Él le respondía que era por “La Herencia”. Era bisnieto de bisabuelos jornaleros y nieto también de abuelos jornaleros. El padre de su padre había sido bracero allá por el 42, de los primeros que llegaron a Stockton en California. Cuando regresó, el dinero que les tenía que dar el gobierno norteamericano por conceptos del Seguro de Salud, fue depositado al Banco de Crédito Agrícola pero el gobierno mexicano nunca se los entregó; de hecho,  desaparecieron los fondos. Como el ahorro nunca llegó a sus manos tuvieron que volver a trabajar el campo, el propio y el ajeno por un jornal. Y su padre cuando estaba chico, acompañaba al suyo en las largas jornadas agrícolas.

De los nueve hermanos que tuvo, solo él quedaba; no era el más grande pero tampoco el más chico, los que venían detrás se fueron al Norte y no sabía de ellos nada. De las hermanas que hubo en la familia, ya ninguna vivía, entre malparidas, enfermedades y maltratos del marido -como le había pasado a Carmen-  también se habían adelantado en el camino. Pancho, al que le ganó la borrachera lo cuidaba bien cuando estaba chico y no permitía que le faltara nada, siempre compartía con él lo que tenía y más cuando hambre era lo único que había. Pero al Pancho le gusto el trago y una noche dormido se quedo afuera de su casa y no volvió a despertar…pero eso había pasado hacía mucho tiempo.

En sus ojos cansados se veía el reflejo de los campos del Valle del Fuerte en Sinaloa cuando llegó a los 15 años, y más fuerte era el recuerdo en ellos de San Quintín, en un lugar llamado  Baja California, pero no eran recuerdos gratos, a los 16 decidió nunca regresar a ese lugar infernal. De allá se trajo a Mercedes, que era su paisana. Ella tenía trece cuando la conoció, catorce recién cumplidos cuando se juntaron.

Mientras prendía un cigarro y a través del humo, alcanzaba a ver la lejana polvareda de las camionetas de redilas que transportaban a su familia. El Isidro y el Luis, sus hijos grandes, habían llegado a decirle que se iban Pa´l otro lado, que aquí no la hacían, que los tíos, si se habían adelantado y no regresado, era porque les había ido bien. Sabía dentro de sí que no los volvería a ver y así fue, a su cuidado quedaron los nietos y las nueras.

Una de sus hijas, La Chabela, esa sí que había salido bonita, -tan bonita que estaba, que decían que se parecía a las hijas del patrón del rancho donde una vez había llegado con Mercedes a trabajar y al cual ella nunca quiso regresar-, a ella no le gustaba el campo ni trabajar en él y se fue para la ciudad. La Chabela les había mandado una invitación para su boda como con un año de retraso y después de un par de años, una carta,  donde les contaba que vivía bien y que tenía dos hijos. Él pensó en sus nietos a los que no conocía –ni llegaría a conocer- que podrían vivir mejor que ellos, que podían estudiar y trabajar, y un día tener tierras para que los primos les ayuden a sembrar.

Ahora sus bisnietos, nietos, hijas, hijos y nueras, viajaban en las camionetas de los enganchadores, que aunque los conocían desde hace muchos años no por eso los trataban mejor. El Chencho ya tenía cinco años; este es su primer viaje de trabajo en los eternos surcos de los campos agrícolas, ya conseguirá sus propios centavos. Sonríe cuando lo recuerda, “es bien vivo, bien listo”. Cree que será de los que las maestras de las escuelas para niños migrantes le insistan mas en estudiar, en que deje el campo y aprenda a leer y a escribir y a sumar y a restar. A él nadie lo enseñó a leer, por eso nunca aprendió. El sumar y restar lo asimiló por los bultos llenos que valían dinero al final de la jornada. A saber de las denominaciones, “solo con ver -decía- solo con ver”.

Por allá alcanzó a distinguir a algún representante del gobierno federal que había venido a inspeccionar que todo estuviera bien para el viaje y que todos hubieran ya dado su contribución    -al del gobierno-  para poderse ir. Desde que estaba chiquito, habrá tenido unos cinco o seis años, los del gobierno –solía pensar- siempre hablaban todos igual. Le habían llegado toda la vida, desde que pequeño estaba, que campañas de vacunación que parecían enfermar más a la gente, que programas de salud que no curaban a nadie, y eso no le había ayudado al Ramiro, el tercer varón,  cuando a los diez años se enfermó en Nayarit y no regresó mas al pueblo.

A  él, lo que siempre le había dolido es que no le habían dejado trasladar el cuerpo de su hijo y allá estaba lejos, enterrado en tierra extraña y lejano de ellos; Que campañas de alfabetización, pero no conocía a muchos que supieran leer; y otras que se llamaban de “Filiación”, donde les pedían su nombre y la credencial, quesque servían para votar por un cambio y para que todo mejorara, pero nunca le dijeron donde  y cuando había de hacerlo, y no sabía si el cambio había llegado.

“Los alacranes -le había advertido al Chencho- son cabrones, hay que tener cuidado con ellos”, y el Chencho viéndolo con esos ojos negros grandes y alegres le respondía muy serio, aceptando la responsabilidad “Si, Güelo”.

Ojalá alcanzaran lugar en el albergue para Jornaleros, es menos malo y era nuevo. Preferible llegar ahí que a las casas que rentan para ellos, siempre están cayéndose de sucias, viejas y de feas. Los dueños nunca tienen el cuidado de arreglarlas, “Como son pobres ni lo sienten”, “¡Ah como no vamos a sentirlo!”, ¿Cómo cuando nos metieron en las porquerizas, que según ellos habían limpiado y estaba llenas de gusanos y ratas?, ¿O como aquella vez, en la casa grande donde su compadre había embarazado a su propia hija en una noche de borrachera?, ¿O en la otra, donde el enganchador tenía como cinco esposas, todas criaturas, y quería más? Iban pa´llá tras él, venían pa´cá con él, él les gritaba ellas lloraban. “No, si la vida es dura y más pa los que no tenemos nada…” decía su Apá. ¿O cuando les dijeron que hasta cuarto para cada uno tendrían  y  los mandaron debajo de la Ceiba?, Así nomás, ¡Dijo el Patrón que aquí se quedan y aquí se quedan! Esa noche, todos durmieron bajo el frondoso árbol, esa noche y la siguiente, y las de los cuatro meses que estuvo en la cosecha del chile.

El humo del cigarro en el ojo izquierdo lo regreso de sus pensamientos y recuerdos, tosió un poco y escupió. ¿Cuántas horas se irán a viajar?,  ¿Dieciséis?, ¿Dieciocho?, ¿Un día?, ¿Dos? a lo mejor; bueno, hasta una semana dependiendo a donde vayan, dependiendo como les vaya. Uno terminaba agotado, exhausto de esos viajes, y cuando llegaban a su destino lo que querían era bajarse, como fuera pero bajarse. Y después de ese desplazamiento sin descanso, el campo agrícola los esperaba antes del próximo amanecer para que se pusieran a trabajar, como la cosecha pasada, como la de antes…como las de siempre.

El cigarro soltó su último suspiro ahumado, él lo aspiró profundo, fuerte, agusto. Dejo salir el humo y lo disfrutó. Tiró la colilla al piso dejándola extinguirse poco a poco. Se acomodo con sus manos duras y dedos chuecos de lado el sobrero de palma. El sabor del tabaco oscuro no se iba de su boca cuando sus pasos arrastrados, lentos, fatigados, se alejaron poco a poco de donde se encontraba. Las camionetas desvencijadas se habían perdido en la distancia. En cuatro meses regresarían sus hijos, nueras, nietos y bisnietos  y  “El Chencho”,  pa´ contarle de su primer trabajo, de cómo ya se estaba convirtiendo en hombre… ¡Ah que muchacho!…

Los gobiernos han evadido su responsabilidad de velar por los derechos de los migrantes internos. Los jornaleros agrícolas migrantes son invisibles para las autoridades de los tres niveles de gobierno, no tienen derecho a exigir atención porque no hay sentido de pertenencia ni arraigo en los lugares donde trabajan, están siempre de paso y por lo mismo nadie se siente  obligado a atenderlos.

No se puede ser cómplices de esta tragedia que padecen, no se puede a aceptar esta situación injusta, hay que oponerse a las prácticas racistas que adoptan las autoridades que victimizan a los más vulnerables. Se deben parar estos abusos, no se puede seguir permitiendo que se denigre la vida de los Jornaleros Agrícolas Migrantes. Se tiene que dar la batalla por sus derechos, para que las mujeres, jóvenes, niños y niñas puedan reconstruir un proyecto de vida y hacer posible sus sueños de vivir como hombres y mujeres libres en condiciones de igualdad y de derechos. 

El trabajo infantil agrícola en México sigue siendo uno de los grandes desafíos para las instituciones  responsables de lograr su erradicación.

Estas líneas son apenas un acercamiento a un problema estructural que nos habla de la profunda desigualdad que sigue imperando y,  que la sociedad y las autoridades no están atendiendo

9.29.2013

Migrantes, víctimas del crimen organizado: SCJN

por Gustavo Castillo García para el Periódico La Jornada

Migrantes centroamericanos en Tenosique, Tabasco. Foto Prometeo Lucero

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) reconoce que los jueces y magistrados deben poner atención a los migrantes que solicitan intervención o protección de la justicia federal, ya que "son fácilmente víctimas de delitos y violaciones a derechos humanos por el crimen organizado".

El Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que afecten a personas migrantes y sujetas de protección internacional –que será presentado oficialmente este lunes– refiere que los grupos criminales se han "involucrado activamente en el secuestro, la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes".

Por ello, indica, se "hace necesaria la promoción del acceso a la justicia" de los extranjeros, lo que se perfila como derecho en favor de los migrantes desde la ratificación por México de la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y sus Familiares en 1990, la adhesión a la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados en 2000 y los cambios a la Ley General de Población, así como por las recientes reformas aprobadas por el Congreso en materia de derechos humanos.

El Poder Judicial de la Federación reconoce que en materia de justicia y "dado que en la actualidad México recibe flujos migratorios mixtos", es necesario recurrir a otros tratados internacionales específicos para ocuparse de exigencias como la protección internacional de refugiados y beneficiarios de protección complementaria, la trata y el tráfico de personas, así como las necesidades de mujeres, indígenas, niños, niñas y adolescentes.

El documento –que será guía para que los jueces mexicanos impartan justicia– servirá para que se apliquen los tratados internacionales y leyes nacionales "conforme, armónica y sistémica en los casos en donde intervengan personas que, además de ser migrantes o sujetas de protección internacional", y a pesar de que reconoce que "aunque, eventualmente, puede admitirse que las personas migrantes sean tratadas de forma diferenciada, esta diferenciación deberá ser razonable, objetiva, proporcional, y respetar sus derechos humanos, sujetas al principio de no discriminación, respetando los derechos sociales, laborales y el acceso al debido proceso."

9.23.2013

La muestra ‘Los barcos de la emigración y sus protagonistas’ se exhibirá en octubre en Bahía Blanca, Argentina

Del 14 al 20 de octubre, en el Salón de Usos Múltiples del Bahía Blanca Plaza Shopping, se exhibirá la muestra ‘Los barcos de la emigración y sus protagonistas’. La inauguración oficial de la muestra será el lunes 14 de octubre, a las 18 horas.
La exposición está presentada por la Federación Regional de Sociedades Españolas, con la colaboración del Instituto Argentino de Cultura Hispánica, ambas con sede en esta ciudad de Bahía Blanca.
Se podrán observar, en 27 vinilos, 81 fotos de barcos que trasladaron a personas desde Europa hacia América. Los barcos se encuentran ordenados por empresas, y se puede leer una breve reseña de cada uno de ellos.
Debajo de las fotos se podrá encontrar, organizados por fechas, distintos viajes que realizó cada embarcación, detallando con nombres y apellidos algunos de los españoles que arribaron a la Argentina en los mismos.
Se puede encontrar información sobre más de 270 viajes y 1.000 españoles, en un listado que se amplía día a día.

Mario Álvarez, integrante de la comisión directiva de la Federación Regional de Sociedades Españolas, es quien realizó la investigación y producción para llegar a exhibir esta muestra.
Aquel que lo desee puede consultar, en una base de datos, la información sobre fecha de arribo a la Argentina, nombre del barco y demás datos de personas de distintas nacionalidades, no solo española. En este caso, el interesado deberá escribir la información que disponga, en una planilla, que se encontrará junto a la muestra, para luego, con el correr de los días, comunicarse con la Federación Regional de Sociedades Españolas y chequear la información encontrada, la cual, no siempre es la que uno busca e inclusive a veces la misma no se encuentra.
La mencionada muestra se encuentra a disposición de las entidades nucleadas en la Federación, que deseen pedirla para exponer en su ciudad.
Esta muestra será presentada, por primera vez, el sábado 28 de septiembre en Plottier, en el marco de los festejos por el cincuentenario del Centro Social, Cultural y Deportivo Español de esa ciudad.

9.18.2013

Inmigrantes indocumentados se esposan en la Casa Blanca


El camino más largo hacia Estados Unidos, pero el menos peligroso

Verónica Calderón para El País

Entrada del comedor de FM4 Paso Libre en Guadalajara, a unos pasos de la vía del tren.


Guadalajara, Jalisco, al oeste de México, es la cuna de los mariachis, los charros y el tequila. Es la sede de la feria del libro más grande en habla hispana. Pero no era una escala en el mapa de los 400.000 centroamericanos que cada año cruzan México para intentar llegar a EE UU. En los últimos cinco años el número de extranjeros que pasan por la segunda ciudad más grande del país se ha triplicado. Desde la matanza de 72 personas en San Fernando (Tamaulipas) en 2010, cada vez son más los que eligen la ruta del Pacífico: el camino más largo, pero el menos peligroso. Y que atraviesa este sitio. Se les ve por los cruceros cercanos a la vía del tren, sentados en la calle, dormidos en la acera. Se han convertido en un quebradero de cabeza para las autoridades locales y han agitado prejuicios en una sociedad en la que los inmigrantes eran invisibles hasta antes de ayer.

El propio gobernador del Estado de Jalisco, Aristóteles Sandoval (del Partido Revolucionario Institucional, PRI), dijo hace dos semanas que la población de Guadalajara debía denunciar a “esa gente que está en las esquinas” para “regresarlos a su país”. Sin citar estadística alguna, el político afirmó que había detectado que “quienes asaltan a casas” eran “sobre todo centroamericanos o sudamericanos”. Sus declaraciones levantaron tal polémica que tuvo que disculparse poco después.

Ocurre que, hasta hace muy poco, los inmigrantes que pasaban por Guadalajara eran “invisibles”, según explica Santiago, de 25 años, un voluntario de la organización FM4 Paso Libre, que gestiona un comedor a unos pasos de las vías. El grupo tomó su nombre del permiso de residencia para extranjeros en México: el FM2 o FM3. El FM4 no existe, pero los voluntarios explican que se trata de un estatus utópico que garantiza “paso libre” a cualquier extranjero.

El comedor abre todos los días a las cuatro y cierra a las siete. Uno de los voluntarios –el más experimentado– entrevista a las personas que quieren entrar. Hoy le toca a Santiago. Les piden una identificación. En caso de no traerla, “hay maneras para darnos cuenta si son realmente de donde dicen que son”, comenta Diego Ramos, de 24 años. “Les preguntamos de qué departamento son. O, por ejemplo, cuál es el mejor equipo de fútbol de Honduras”. El Olimpia de Tegucigalpa, por cierto.

El gobernador de Jalisco dijo que la sociedad debía denunciar a “esa gente” para “regresarlos a su país”


Al cruzar la puerta hay cuatro banderas, todas azul y blanco. La guatemalteca, la hondureña, la salvadoreña y la nicaragüense. Diego explica que también sirven para reconocer a los inmigrantes. Muchos indigentes –una palabra que los voluntarios se niegan a utilizar por juzgarla “discriminatoria”– se hacen pasar por ellos. Y en la ciudad, FM4 es la única organización que se dedica exclusivamente a atender a los viajeros que están de paso.

En uno de los muros de la sala de espera hay un cartel donde un tío Sam con bigote mexicano recuerda que la ley estadounidense permite no responder a ninguna pregunta en caso de ser detenido. En otro hay un mapa de México que detalla las principales rutas que los inmigrantes siguen para llegar a Estados Unidos. Son cuatro. Los principales destinos son dos ciudades fronterizas al este –Reynosa y Nuevo Laredo–, la sempiterna Ciudad Juárez y Tijuana, al otro extremo del país. Hay advertencias. “En temporada de lluvias las vías se dañan”. “Hay personas que han cruzado México en 15 días, pero otras han tardado hasta tres o cuatro meses”. "Trata de agruparte con otros compañeros de viaje". “Cuando el tren va sin carga es más rápido pero menos estable, aumenta el riesgo de que te caigas”.

El tren es La Bestia, la temida máquina que miles de centroamericanos abordan para intentar cruzar México, también apodada la Devoramigrantes. Quizá uno de los viajes más caros (puede llegar a costar hasta 1.100 dólares entre robos y sobornos) y más riesgosos del mundo. Hace dos semanas descarriló. Hubo 12 muertos.

En la sala de espera del comedor hay unos seis hombres que esperan su turno en silencio. Las entrevistas –que suelen ser breves– son en una pequeña oficina. Diego explica que todos los días atienden a unas 30 personas. Después pasan a un cuarto contiguo, donde hay una cabina telefónica. Los voluntarios les permiten hacer una llamada internacional de unos minutos a su casa, que paga una fundación francesa. “Esas llamadas son fundamentales. Muchos de los familiares pasan semanas o meses sin saber de ellos. Es la manera que tienen de decirles que están vivos”, comenta Diego.

La mayoría de las personas que pasan por el comedor son hondureños: un 45%.

La travesía por México inicia generalmente en Tapachula, en Chiapas, a menos de 10 kilómetros de Guatemala. De ahí es Diego. Cuenta que por eso se ha involucrado en la ayuda a los inmigrantes. “Yo soy de la frontera. Siempre viví en ese contexto”, explica. Muchos creen que La Bestia todavía parte de ahí, pero el paso del huracán Stan en 2005 dañó la estación y cambió el inicio del trayecto. Ahora sale de Arriaga, a 200 kilómetros. Un viaje de casi tres horas en coche. "Calcula cuánto es caminando”, comenta.

Cada uno de los hombres que esperan en la sala entra y deja sus cosas en “el ropero”. No les dejan entrar al comedor con ellas para evitar robos y malentendidos, explican los voluntarios. En la segunda planta de la pequeña casa hay baños, una ducha, un sitio para lavar ropa y una mesa. Dos voluntarios más sirven comida. Hoy hay espagueti y calabacines hervidos. Un fotógrafo les pide permiso para hacerles una foto. Se llama Óscar Fernández y hace unas semanas que trabaja en un proyecto para retratarlos y “dejar fe de que son personas”. Entra Jason Ernesto Boquín, un nicaragüense que sonríe cuando le recuerdan la música de su tierra. Posa contento para la cámara. No es el caso de todos. “Hay quienes salen muy serios o quienes incluso prefieren no hacerlo. Una mujer me pidió que no le hiciera fotos porque su exmarido, policía, podría reconocerla y enterarse de que estaba intentando llegar a Estados Unidos con su nueva pareja”.

Un estudio del Programa Institucional de Derechos Humanos y la Paz del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) señala que, todos los días, un promedio de 20 inmigrantes pasa por Guadalajara. El Gobierno local calcula que es cerca del triple que hace unos cinco años. “Hay mucha discriminación”, explica Santiago. “Nos quejamos de cómo tratan a nuestros compatriotas en Estados Unidos y aquí somos peores en el trato con los extranjeros”.

La mayoría de las personas que pasan por el comedor son hondureños: un 45%. Después siguen los mexicanos provenientes de los Estados del sureste del país, como Chiapas, Oaxaca o Guerrero. Les siguen los nicaragüenses, los salvadoreños y los guatemaltecos. Casi todos son hombres (el 90%, según cifras oficiales), pero también han pasado mujeres e incluso niños que intentan cruzar solos. Diego cuenta que “les gusta Guadalajara porque piensan que es una ciudad amable y muchas en el camino no lo son. Aunque yo creo que no es amabilidad, es indiferencia. Y eso que Jalisco es uno de los Estados de donde provienen muchísimos mexicanos que van hacia Estados Unidos”.



Un voluntario muestra a dos inmigrantes un mapa con las principales rutas a través de México para llegar a Estados Unidos.


“Hoy los ves y mañana ya no”, relata un voluntario

Pero que la ruta del Pacífico sea menos peligrosa que la del Golfo no significa que sea un camino de rosas. El 70% de los inmigrantes que la cruzan sufren algún tipo de abuso, según el estudio del ITESO. En Guadalajara se quedan muy pocos, relata Santiago. Son más los mexicanos sin techo que se intentan hacer pasar por inmigrantes, explica. Y eso ha generado tensiones entre extranjeros y locales. Justo hace unos días que un cuerpo mutilado fue hallado junto a las vías del tren. Iba sin identificación, pero las autoridades creen que se trataba de un centroamericano.

Minutos antes de las siete de la noche, los voluntarios dejan de recibir personas. En la ventanilla hay indicaciones para llegar al albergue para personas sin techo de la ciudad. “Hoy los ves y mañana ya no”, comenta Diego. Cuenta que un día atendió a un niño de menos de 10 años pero que se comportaba ya como un adulto. El chico escondía una navaja y se enfrascó en una pelea con otro de los inmigrantes. Las reglas del comedor obligan a expulsar a cualquier persona armada, más aún si se involucra en un pleito. El niño había quedado herido de una pierna y cojeaba. Diego afirma que es lo más duro que ha tenido que ver mientras ha trabajado ahí. “Si subirse a un tren que pasa a 20 kilómetros por hora es difícil para un adulto, imagínate para un niño lastimado”.


Más fotos aquí

9.15.2013

Detenidas

Washington. Un total de 105 mujeres, varias de ellas inmigrantes indocumentadas mexicanas, fueron arrestadas hoy frente al Capitolio, en el primer acto de desobediencia civil pacífico de su tipo para demandar al Congreso una reforma migratoria.

Al grito de "Sí se puede", el grupo de mujeres creó un círculo de camisetas rojas en la acera frontal al Capitolio, donde desplegaron una manta con la exigencia de una urgente reforma migratoria para 11 millones de inmigrantes indocumentados.

¿Qué queremos?, corearon las mujeres mientras era sujetadas con esposas plásticas por parte de la policía del Capitolio. "Queremos una reforma migratoria", respondía el grupo, que fue apoyado por otro centenar de manifestantes apostados en las aceras.

Las mujeres bloquearon la circulación vehicular de las calles Independencia y Nueva Jersey, lo que constituye una violación sujeta a arresto. Decenas de agentes y patrullas habían sido desplegadas en preparación de las detenciones.

Sin resistirse al arresto, las mujeres fueron escoltadas a camiones de la policía, donde se les recogieron las pertenencias antes de ser transportadas a un centro de detención del Distrito de Columbia.

María, un inmigrante mexicana que viajó desde California para participar en el acto de desobediencia, dijo a Notimex no tener miedo de ser deportada.

"He vivido 20 años en la sombra. No tengo temor", dijo ataviada con la leyenda "Mujeres por la Reforma migratoria Justa".

Antes de la detención, las mujeres llevaron a cabo una movilización con cánticos y consignas frente al Congreso donde pidieron al liderazgo republicano, acelerar el trámite de una reforma migratoria y evitar que sea desplazada por temas como Siria.

Activistas recordaron que tres cuartas partes de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos son mujeres y niños.

Se trató del mayor el acto de desobediencia civil de su tipo para demandar una reforma migratoria y el primero en ser integrado exclusivamente por mujeres.

Medea Benjamín, del grupo CodePink que ha realizado movilizaciones contra Siria en el Congreso, dijo que los legisladores republicanos deben estar listos para movilizaciones adicionales por la reforma migratoria.

Clarissa Martínez, del Consejo Nacional de la Raza (NCLR), expresó su apoyo a la forma de lucha.

"Es una forma de participación democrática que obviamente sirve para llevarles el mensaje a los miembros del Congreso que parece están dormidos en sus laureles", dijo.

El legislador demócrata de California, Xavier Becerra, lo comparó con las movilizaciones del defensor de los derechos civiles para los afroamericanos, Martin Luther King, y del líder campesino así como activista, Cesar Chávez.

"Mientras que sea algo pacífico, están expresándose como los ha hecho otros americanos en el pasado para un asunto bien importante en la vida de nuestras familias", señaló Becerra.

8.29.2013

“Llegué a Toulon a los 29 con mi hija de 7 años”

“Nací en Burkina Faso pero vine a Francia a los 4 después de un golpe de estado”

“Mis ancestros eran los Siharaba en la región del Lago Alaotra, donde están los arrozales de  Madagascar”

“Vengo del Kurdistán, del pueblo de Silopi, en el corazón de la región fertil entre el Tigris y el Eufrates”

Una mano, un mapa, una historia.  30 personas desconocidas de diversas nacionalidades dejaron su tierra nativa:  Algeria, Vietnam, Senegal, Rusia, Argentina, Salvador, Armenia, Iraq.

En cada una de las 30 fotografías de Céline Boyer, un fragmento cartográfico del pañis de origen se proyecta sobre la mano de cada parsona y las ciudades, mares, ríos y fronteras pueden ser vistos.

Estas imágenes vienen con textos cortos donde l@s dueñ@s de las manos cuentan sus recuerdos, sus esperanzas y miedos. hablan de sus ancestr@s, raíces y cultura y de sus travesías personales inconclusas.
 Al conectar la unicidad de una persona y un lugar, cada sujeto llama nuestra atención sin convertirse en objeto de curiosidad etnográfica, Entonces El Otro, la Otra, es persona.

Texto original, aquí.

8.23.2013

voy y vengo

Segunda axión que habla de la migración, el movimiento constante, la búsqueda y el hallazgo, la carga y la libertad. Esta axión pertenece a Transvase Territorial.
Elizabeth Ross y Christine Brault

convocatoria


aunque hay que pagar 6€

8.12.2013

Todos somos migrantes

Exposición con fotos de, entre otros, Francisco mata Rosas y sus estupendas imágenes logradas en la frontera Tijuana/San Diego

6.22.2013

entre el río y la bestia

Todo el tiempo oímos y nos quejamos de lo mal que tratan en Estados Unidos a nuestros paisanos mexicanos, y de lo ojetes que son los de la migra. No es novedad para nadie, que los miles de mexicanos que tratan de cruzar al otro lado cada año, la tienen difícil. Pero como bien explica la canción de los Tigres del Norte, los centroamericanos son tres veces mojados y la tienen aún más cabrón. En México se tienen que cuidar de todos, de los del Instituto Nacional de Migración (INM), de los Federales, de los taxistas, de los Zetas y hasta de rancheros locales que ven en ellos una presa fácil para robarles el poco dinero que traen.

De todos los migrantes que cruzan nuestro país, quienes la pasan peor son las mujeres. La mayoría viene ya con la idea de que en algún punto del viaje no sólo las robarán, sino que también es muy probable que las violen. Muchas deciden seguir, pero algunas, optan por quedarse en Chiapas, ya sea porque están cansadas o porque necesitan dinero para continuar. Sin papeles y con poca educación, muchas terminan trabajando como prostitutas en las zonas de tolerancia en ciudades como Tapachula, Comitán, Frontera Comalapa y Huixtla.
Viajamos a Guatemala donde conocimos a Yoana, una chica guatemalteca que lleva un tiempo trabajando en Huixtla como prostituta para mantener a sus dos hijos. También acompañamos a la Fiscalía Especializada en Delitos Cometidos en Contra de Inmigrantes, mientras patrullaban la zona conocida como La Arrocera, una región de alta peligrosidad, para intentar entender cómo una instancia del gobierno estatal protege a los migrantes, mientras el INM, los busca para deportarlos. Finalmente, nos subimos a La Bestia junto con 400 centroamericanos, rumbo a Ixtepec, Oaxaca, para ser testigos de las dificultades y peligros que estas personas tienen que pasar al cruzar por México. (tomado de m.vice.com)